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PAPAS HEREJES ¿SIGUEN SIENDO PAPAS HASTA LA SENTENCIA DE LA IGLESIA?


 

SAN ROBERTO CONTRA QUIENES ADMITEN EL PAPADO DE UN HEREJE MANIFIESTO 

Traigo la refutación que hace Belarmino del gran teólogo Cayetano.  La opinión de éste sobre un papa caído en la herejía era que sólo puede ser depuesto por sentencia de la Iglesia porque seguiría siendo papa, a pesar de la herejía, hasta la sentencia.

Belarmino en la hipótesis de un papa caído en herejía, [que no quiere decir que él crea que pueda darse in quantum pontificem” es decir en el ejercicio de su cargo (en el tomo II, cap. 2 – traduccion  AQUÍ y siguientes afirma que el papa en su magisterio es infalible, o sea está protegido contra la herejía) sino meramente “in quantum hominem particularem“, aunque en este último caso crea que lo contrario es “piadoso y probable creerlo“, como lo expone en el capitulo 6 del libro 4- traduccion  AQUÍ

O sea Belarmino refuta a Cayetano en el cap. 30, apartado 4,  del tomo I de las controversias, poniéndose hipotéticamente en el caso de que “en cuanto hombre particular” haya caído en la herejía. La traducción de este capítulo 30, apart. 4,  la damos en este post más abajo.

Hay que advertir que al comienzo del capítulo 30, dice que la opinión de Pighio, sobre que el papa nunca, ni siquiera como hombre particular puede caer en la herejía, aunque es PROBABLE Y FÁCIL DE DEFENDER, la opinión común es la contraria. Él, en el mismo capitulo estudiando la opinión 5 se pone en el caso de que el papa haya caído en la herejía. Después en el tomo II, libro 4, cap. 6, considera que la opinión de Pighio es “PIADOSA Y PROBABLE” y se remite a las razones de Pighio. Es decir que lo que Pighio cree cierto, él sólo lo cree probable. 

Exactamente: Dice de la opinión de Pighio que aunque es probable y puede defenderse fácilmente no es la común. Por lo que cree que vale la pena responder a la opinión contraria– que el papa sólo puede ser depuesto por sentencia de su herejía, porque seguiría siéndolo a pesar de la herejía. Y esto pasa a hacer en el mismo capítulo XXX, en el apartado 4 en que examina sentencia de Cayetano.  El cree que debe ser depuesto por la Iglesia, pero NO COMO PAPA, puesto que él mismo ha dejado de serlo (desinere), sino que la Iglesia puede juzgarlo y castigarlo siguiendo a todos los Padres antiguos -los cuales enseñan que los herejes manifiestos  MOX AMITTERE OMNEM JURIDITIONEM (Inmeditamente perdieron toda jurisdicción)(2)

En este post se trata de decidir  si el Papa conserva la jurisdición hasta la sentencia. Lo cual niega Belarmino. Pero admite que debería ser juzgado y castigado sin tener ya jurisdicción, pues la habría perdido ipso facto al convertirse en hereje.

De todo ello se sigue nuestra opinión,  que el Papa hereje manifiesto ha perdido toda jurisdicción y por lo tanto ha dejado de ser papa inmediatamente-mox- después de su herejía manifiesta, esto es notoria y pertinaz,  y que “a posteriori” como consecuencia de ello debería ser juzgado y castigado por la Iglesia, como cualquier hereje. Cuando ha pasado esto en la historia de la Iglesia, a veces se ha procedido a ello, conscientes todos de que “prima sedes  a nemine judicatur”  pero que en el supuesto nadie estaría juzgando a un papa. La comparación con las nulidades de matrimonio que la Iglesia a veces lanza, salta a la vista. La Iglesia no declara nulo un matrimonio, sino declara que HA SIDO NULO. Los cónyuges no tendrían  derecho a usar del matrimonio, si las causas de nulidad les son a ellos manifiestas.

La pregunta entonces es: Si los fieles conocen con certeza que el papa es hereje manifiesto (usando su propia inteligencia y el principio de contradicción) ¿tienen el DEBER  e incluso el DERECHO de obedecer al Papa hereje? ¿Pueden y deben hacer uso de la jurisdicción que él conceda, incluso supuesta en caso de necesidad, esperando a la sentencia de la Iglesia?

En mi opinión, no LES ES LÍCITO ni tampoco tienen obligación de obedecer. No hacen un juicio público sino hacen un juicio lógico y privado para llegar a su postura CON CERTEZA ( si no hay certeza, aunque haya mayor probabilidad,  deben obedecer puesto que el juicio moral  debe privilegiar al Superior.) [Véase el post de este blog UNA ACUSACIÓN INFUNDADA ]

En esta opinión, queda refutado el SEDEVACANTISMO OPINIONISTA, que admite su sedevacantismo como una opinión aunque sea la más probable [Véase el post EL OPINIONISMO] que admite la opinión contraria como lícita.

También queda refutado- in radice-la opinión Lefebvrista y de los llamados filolefebvristas, y de los resistentes de la línea media, que se aferran ciegamente a la necesidad de una sentencia pública, de la Iglesia [¿pero de quién? ¿de obispos y fieles que en su mayor parte han caído en la herejía, como a diario lo constatamos?] y así cohonestan su unacumismo resistiendo a veces ásperamente y desobedeciendo al que creen papa, bien que con una opinión probable o menos probable o subjetivamente cierta pero indebida y errónea.

Una extensa y espléndida refutación del lefebvrismo tal como lo expone el P. Boulet es la que nos aporta en un opúsculo de 84 páginas Jhon Lane   CONCERNING A SSPX DOSSIER ON SEDEVACANTISM, BY REV. DOMINIQUE BOULET, SSPX.  Este opúsculo merece una lectura atenta y meditada porque refuta con meridiana claridad la posición de la línea media actual en la Iglesia, basándose en que aunque el actual papa sea hereje-lo cual conceden- sin embargo le achacan ridículamente una herejía material y no formal. A lo expresado en ese opúsculo nos adherimos plenamente, salvo en detalles de menor cuantía.

La posibilidad de un papa cayendo en la herejía se empezó a aceptar  muy tarde en la Iglesia frente a la letra de innumerables autoridades. Exactamente en la época de Pighio-frente a lo cual él escribió su obra- a causa de la intoxicación protestante y después jansenista y galicana.  Sin olvidar las falsificaciones del 6º concilio, y del engaño del papa  Adriano, como el mismo Belarmino reconoce en el mismo capítulo XXX. (3)

En el blog creemos lo comúnmente creído en la iglesia, y aceptado por Belarmino, aceptando la infalibilidad de los papas, tanto en su magisterio extraordinario, como en el ordinario. Es lo que se llama la infalibilidad pontificia. Los posts relacionados pueden obtenerse en la pestaña superior.

Respecto de si un papa como “doctor privado” u “hombre particular” puede caer en herejía, aceptamos la opinión de Belarmino y de San Alfonso que le sigue en esto: Es piadoso y probable creer que esto no pueda darse, aunque no es cierto como pretendía Pighio. 

Añadimos, como opinión propia,  que al regatear la infalibilidad pontificia a veces con contorsionistas dialécticos rabínicos, es causa de la situación actual de apostaría de la iglesia conciliar. En la práctica es imposible encontrar alguna homilía de las actuales misas inválidas– esta es otra cuestión- sin toparse con una herejía manifiesta o subyacente. Creemos que los que se apuntan a esa línea son responsables al apoyar a unos papas heréticos, de la expansión del cáncer de  la herejía en el cuerpo social católico.

Este es el título del capítulo XXX, apartado cuarto: (Véase la traducción también sin resaltados en San Roberto vs. Cayetano,)

AN PAPA HAERETICUS DEPONI POSSIT/ ¿ PUEDE SER DEPUESTO UN PAPA HERÉTICO?

Viniendo al objeto del blog, sobre si un papa seguiría siendo papa, hasta la sentencia de deposición, traigo la traducción del apartado cuarto   del célebre capítulo XXX.  Aparte de las consecuencias prácticas el texto merece ser leído, por ser un exponente de la seriedad y rigor con que se defendían, por los doctores, las propias teorías. Sin dejar de lado la emoción estética que produce seguir los razonamientos del gran doctor de la Iglesia.

San Roberto Belarmino, obispo jesuita y doctor de la Iglesia, especulando sobre el papa que cae en herejía, dijo que en esta situación  el Papa perdería ipso facto el Papado. Esto lo desarrolla en el capítulo 30 del libro II “De Summo Pontifice” del que extraemos el apartado siguiente.
[La siguiente traducción, que en castellano no hemos visto en otros sitios, está hecha a partir de una traducción francesa del original latino. Pero puede contrastarse con lo dicho en el original latino, pulsando, en la imagen de Belarmino del post.

Una vez aparecido el índice de las “Controversiae” hay que pulsar el enlace que dice “Cap. XXIX-XXX. En el CAP. XXX . El capítulo se intitula así: “Solvitur argumentum ultimum et tractatur quaestio: AN PAPA HAERETICUS DEPONI POSSE. En la página 608, segunda columna se expone:Quarta opinio est Cajetani..ubi docet PAPAM HAERETICUM NOM ESSE IPSO FACTO DEPOSITUM, SED DEBERE DEPONI AB ECCLESIA.] 

A continuación el extracto traducido de dicho capítulo 30. Los resaltados son propios, y están hechos en orden a contestar algunas opiniones que en estos días leemos en internet, entre blogs adversarios.  Entre corchetes van notas aclaratorias ajenas al texto de Belarmino.

SAN ROBERTO BELARMINO

De Controversiarum de Summo Pontífice, liber II, cap.XXX

La cuarta opinión es la de Cayetano, que dice que el papa manifiestamente herético, no está, ipso facto, excomulgado, pero puede y debe ser excomulgado por la Iglesia. En mi opinión, este punto de vista no puede defenderse. Puesto que salta a la vista que, como se demuestra con argumentos de autoridad y razón, el hereje manifiesto está excomulgado ipso facto.

El argumento de autoridad se deriva de S. Pablo (Tito, c. 3), que ordena que el hereje debe evitarse después de dos advertencias, es decir, después de manifestarse obstinado, y por lo tanto, antes de ninguna excomunión o sentencia judicial.

Ahora bien, un papa al ser papa no puede ser evitado porque ¿Cómo podríamos estar obligados a evitar a nuestra propia cabeza? ¿Cómo podríamos separarnos nosotros mismos de un miembro que está unido a nosotros ?

Y esto es lo que escribe San Jerónimo, añadiendo que todos los otros pecadores están excluidos de la Iglesia por sentencia de excomunión, mientras que el hereje, por su propio movimiento, se excluye a sí mismo y se separa del Cuerpo de Cristo.

Este principio es de lo más cierto. El no-cristiano no puede en modo alguno ser Papa, como el mismo Cayetano admite (lib. c. 26). La razón es que un individuo no puede ser la cabeza de algo de lo que no es miembro, ya que un no cristiano no es un miembro de la Iglesia, y un hereje manifiesto no es cristiano, cosa claramente enseñada por San Cipriano (lib. 4, Epist. 2), San Atanasio (Scr. 2 cont. Arian.) San Agustín (lib. de los great. Cristo. cap. 20), San Jerónimo (contra Lucifer) y otros, por lo tanto, el hereje manifiesto no puede ser Papa.

A esto, Cayetano responde (in Apol. pro tract. praedicto cap. 25 et in ipso tract. cap. 22) que el hereje no es un cristiano “simpliciter”, sino es un cristiano “secundum quid”. Puesto que se admite que hay dos cosas que hacen a alguien cristiano – la fe y el carácter bautismal – el hereje, después de haber perdido la fe, de alguna manera permanece unido a la Iglesia y es sujeto capaz de jurisdicción, por lo tanto, el Papa debe ser removido [del soberano pontificado], puesto que tiene una disposición, o sea disposición última, para dejar de ser Papa: lo mismo que un hombre que aún no ha muerto pero está “in extremis” [ a punto de morir].

Una vez más diré: En primer lugar, si el hereje se mantiene, “in actu”, unido a la Iglesia en virtud del carácter bautismal, sería imposible cortarlo o separarlo de la Iglesia “in actu“, porque el carácter bautismal es indeleble. Pero nadie niega que cualquier persona puede ser separada “in actu” de la Iglesia. En consecuencia, el carácter bautismal no hace a un hereje estar “in actu” en la Iglesia, sino es sólo una señal de que antes estaba en la iglesia y que debe regresar a ella. De manera parecida, cuando una oveja perdida se extravía por el monte, la marca que lleva no señala que esté en el aprisco , sino que indica de qué aprisco se ha escapado y a qué aprisco hay que devolverla.

Esta verdad está confirmada por Santo Tomás, que dice (Summ. Teología III, q 8, 3.) que los que no tienen fe no están unidos “in actu” a Cristo, sino sólo potencialmente – y Santo Tomás se refiere aquí a la unión interior, no a la exterior, la cual se produce por la confesión de la fe y los signos visibles. En consecuencia, como el carácter bautismal es algo interno, no externo, de acuerdo con Santo Tomás el carácter bautismal por sí solo no une al hombre, “in actu”, a Cristo.

Además, contra el argumento de Cayetano, o la fe es una disposición necesaria “simpliciter” a la persona para ser Papa, o sólo es necesaria para ser un buen Papa. En el primer caso, esta disposición se elimina por la disposición en contrario, o sea por una herejía, y el Papa inmediatamente deja de ser Papa, ya que la forma no se puede mantener sin las disposiciones necesarias. En el segundo caso, el Papa no podría ser depuesto por herejía, ya que de lo contrario, debería poder ser depuesto también por ignorancia, inmoralidad y otras causas similares que impiden el conocimiento, la moral y todas las otras disposiciones necesarias para ser un buen Papa (ad bene esse papae). Además, Cayetano ante esto, reconoce (Tract. Praed., Ca. 26) que el Papa no puede ser depuesto por falta de las disposiciones necesarias, no [se refiere a las que lo son]“simpliciter”, que son “ad bene esse”.

A esto, Cayetano responde que la fe es una disposición necesaria “simpliciter”, pero parcialmente, no totalmente, y por consiguiente, aun cuando su fe desapareciera seguiría siendo Papa, debido a que la otra disposición, el carácter bautismal, aún persiste.
Todavía una vez más, mi argumento sería: o la total disposición, que consiste en el carácter bautismal y la fe, es necesaria “simpliciter”, o no lo es; en este último caso la disposición parcial sería suficiente. En el primer caso, desaparecida la fe, la disposición necesaria “simpliciter” ya no existe, ya que la disposición “simpliciter”, es la total que se necesita, y la total ya no existe. En el segundo caso, la fe sólo es necesaria “ad bene esse”, y por lo tanto su ausencia no justifica la deposición del Papa. Además, lo que se refleja en la disposición final en la muerte, es que  deja [el moribundo]de existir después de la muerte, sin la intervención de cualquier otra fuerza externa, en consecuencia, es igual de evidente, que el Papa hereje también deja de ser Papa por sí mismo, sin necesidad de ninguna deposición.

Por último, los Santos Padres enseñan unánimemente no sólo que los herejes están fuera de la Iglesia, sino que también están privados ipso facto de cualquier jurisdicción o dignidad eclesiástica. San Cipriano ( Lib. 2, Epist 6) dice: “Afirmamos que el hereje o cismático absolutamente no tiene ningún poder o derecho”, y enseña también (Lib. 2, Epist 1) que los herejes que quieran volver a la Iglesia deben ser recibidos como laicos, incluso si han sido previamente sacerdotes u obispos de la Iglesia. San Optato (Lib. 1 cont. Parmen.) enseña que los herejes y cismáticos, no pueden tener las llaves del reino de los cielos, ni de atar o desatar. San Ambrosio (Lib. 1 de poenit., Cap. 2), San Agustín (in Enchir., Cap. 65), San Jerónimo (lib. cont. Lucifer) enseñan lo mismo.

El Papa San Celestino I (….. Ep. ad Antioch, que aparece en Conc. Efes, Tome I cap.19) escribe: “Es evidente que [el excomulgado por Nestorio] quedó, y sigue estando, en comunión con nosotros, ya que nosotros no tenemos como excomulgados a todos los que han sido excomulgados o [ (Ep. ad Michael) repite y confirma la misma cosa. Por último, Santo Tomás enseña (S. Theol., II-II, q. 39, a. 3) que los cismáticos pierden inmediatamente toda jurisdicción, y por lo tanto todo lo que hacen relativo a la jurisdicción es nulo.

San Nicolás I [papa] (Ep. ad Michael) repite y confirma la misma cosa. Por último, Santo Tomás enseña (S. Theol., II-II, q. 39, a. 3) que los cismáticos pierden inmediatamente toda jurisdicción, y por lo tanto todo lo que hacen relativo a la jurisdicción es nulo.
No existe ningún fundamento para lo que responden algunos a esto: es decir que estos padres se basan en una ley anterior, y ahora, por decreto del Concilio de Constanza, sólo aquellos que han sido excomulgados expresamente, o que son clérigos, pierden su jurisdicción. Yo digo que este argumento no tiene ningún valor, ya que estos padres, al decir que los herejes pierden cualquier jurisdicción, no se basan en ninguna ley humana tocante a la cuestión, que probablemente ni siquiera existía entonces, sino que argumentaron fundándose en la propia de la naturaleza de la herejía.

El Concilio de Constanza sólo trata de los excomulgados, es decir, de aquellos que perdieron su jurisdicción por sentencia de la Iglesia, mientras que los herejes, incluso antes de que sean excomulgados, están fuera de la Iglesia y privados de cualquier jurisdicción. Ya que están condenados por su propia sentencia, como enseña el Apóstol (Tito 3:10-11), fueron cortados del cuerpo de la Iglesia sin excomunión como afirma san Jerónimo.

Aparte de esto, la segunda afirmación de Cayetano, que afirma que el Papa hereje verdadera y autorizadamente sólo puede ser depuesto por la Iglesia, no es menos falsa que la primera. Porque si la Iglesia depone al Papa en contra de su voluntad, está sin duda por encima del Papa. Sin embargo, el mismo Cayetano, en el mismo tratado, mantiene lo contrario. Cayetano responde a esto que la Iglesia, al deponer al Papa no tiene autoridad sobre el Papa, sino sobre el vínculo entre su persona y el pontificado. De la misma manera que la Iglesia, uniendo el pontificado a la persona, no está por encima de la Papa, también la Iglesia puede separar el pontificado de la persona en el caso de herejía, sin que esté por encima del Papa.
Pero contra esto, hay que señalar, en primer lugar que, del hecho de que el Papa depone a los obispos, se infiere que el Papa está  por encima de los obispos, aun concediendo que el Papa, mediante la deposición de los obispos, no destruye la jurisdicción episcopal, sino sólo la separa de la persona. En segundo lugar, deponer a cualquiera del pontificado en contra de la voluntad del que es depuesto, es sin duda castigarle. Pero, castigar es propio del superior o del juez. En tercer lugar, siguiendo a Cayetano y a otros tomistas, como el todo y las partes consideradas como un conjunto son realmente la misma cosa, quien tiene autoridad sobre las partes consideradas como un todo, pudiendo separarlas entre sí, también tendría autoridad sobre el todo integrado por las partes.

El ejemplo de los electores, traído por Cayetano, que tienen la facultad de designar a una persona al Pontificado, sin tener el poder del Papa, también carece de valor. Porque cuando se crea una cosa, el acto se ejerce sobre la materia de la cosa futura, y no en el compuesto, que no existe todavía, pero cuando algo se destruye, el acto se realiza sobre el compuesto. Esto se hace evidente al considerar la naturaleza de las cosas. Por lo tanto, en la creación del Pontífice, los Cardenales no ejercen su autoridad sobre el Pontífice, ya que no existe todavía, sino en la materia, es decir, la persona que se dispone a ser elegida para recibir de Dios la forma del Pontificado. Pero, si deponen al Pontífice, necesariamente ejercen autoridad sobre el compuesto, es decir, sobre la persona con el poder pontificio, en otras palabras, sobre el Pontífice.

En consecuencia, la opinión verdadera es la quinta, que manifiesta que el Papa herético es cesado por sí mismo como Papa y cabeza, del mismo modo que deja de ser cristiano y miembro del cuerpo la Iglesia y por esta razón, podría ser juzgado y castigado por la Iglesia. Esta es la sentencia de todos los Padres antiguos que enseñan que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción, y esto es dicho de forma explícita por San Cipriano (lib. 4, Epist. 2), que dijo lo siguiente acerca de Novaciano, que fue el Papa [antipapa] durante el cisma que surgió bajo el pontificado de San Cornelio: “No había podido mantener el episcopado, y, si había podido ser nombrado obispo antes, se separó, por sí mismo del cuerpo de los que eran, como él, obispos, y de la unidad de la Iglesia “.

De acuerdo con la afirmación de San Cipriano en este pasaje, concediendo que Novaciano habría sido verdadero y legítimo Papa, habría caído de forma automática del pontificado al separarse de la Iglesia.
Esta es la opinión de la mayoría de los grandes doctores más recientes, como Jean Driedo ( lib. 4 de Script. et dogmat. Eccles., cap. 2, par. 2, sent. 2 ) , que enseña que sólo se separan de la Iglesia los que son expulsados de ella por la excomunión o los que se van por sí mismos o se oponen a ella como herejes o cismáticos. Y en esta séptima afirmación, sostiene que absolutamente ningún poder espiritual de los que hay en la Iglesia permanece en los que la abandonan.

Melchor Cano dice lo mismo (lib. 4, de loc., Cap.2) enseñando que los herejes no son miembros y no son parte de la Iglesia, y ni siquiera puede imaginar que alguien pudiera ser su cabeza y Papa, sin ser miembro, o parte (cap. ult. ad argument. 12).Y enseñaba, en primer lugar, con palabras sencillas, que los herejes ocultos siguen estando en la Iglesia, porque son miembros y forman parte de ella, y que por lo tanto, un Papa ocultamente hereje sigue siendo Papa. Esta es también la opinión de otros autores que hemos citado en el libro De Ecclesia.
Este argumento se funda en que el hereje manifiesto no es de ninguna manera miembro de la Iglesia, es decir, ni espiritual ni corporalmente, lo que significa que no es miembro por unión interna, ni por unión externa. Los católicos, incluso los malos son miembros de ella y están unidos a la Iglesia espiritualmente por la fe, y corporalmente por la confesión de la fe y por la participación en los sacramentos visibles. Los herejes ocultos están unidos a ella sólo por unión externa y, por el contrario, los buenos catecúmenos pertenecen a la Iglesia sólo por unión interna, no por unión externa, [frente a la opinión errónea de quien no admite el bautismo de deseo] pero los herejes manifiestos no están unidos la Iglesia de ninguna manera, tal como lo hemos demostrado “.

(1) Sunt quinque opiniones. Prima est Alberti Pighii lib.IV, cap. 8 hierarch. Eccles. ubi contendit, Papam non posse esse haereticum; proinde nec deponi posse in ullo casu, que sententia probabilis est, et defendi potest facile, ut postea suo loco ostendemus. Quia tamen non est certa et communis opinio est in contrarium, opere praetium erit videre, quid sit respondendum, si papa haereticus esse possit. (Controversiarum de Sumo Pontifice. Liber secundus. Cap.XXX (pag 608 en la edición del enlace traído en el blog)

(2)Est ergo quinta OPINIO VERA, PAPAM HAERETICUM  MANIFESTUM   PER SE DESINERE ESSE PAPAM… quare ab ecclesia  posse eum judicari et puniri. Haec sententia est  omnium veterum Patrum, qui docent haereticos MANIFESTOS  MOX AMITTERE OMNEM JURISDICITONEM. (CAP. XXX).  Es verdadera frente pero no cierta frente a la sentencia primera de Pighio de que el papa no puede caer en la herejía,por considerarla probable, pero sí lo es por haber añadido Pighio que no puede ser depuesto en ningún caso,  in ullo caso . Belarmino admite que puede caer en [mejor, ser detectada pienso yo]  la herejía. Simpliceter es cierta frente a la cuarta de Cayetano acerca de que un papa perdería la jurisdicción por la sentencia de la Iglesia. O frente a la segunda que juzgaba que un papa oculto (eo ipso quo  in haeresim  incidit, ETIAM INTERIOREM TANTUM), podría ser declarado depuesto jure divino…. También es cierta simpliciter, frente a la tertia opinio, que juzga muy improbable, de Torquemada  que decía que ni por herejía manifiesta ni por oculta podía ser depuesto [admitía un papa hereje por tanto, al cual no se podría deponer. Sentencia muy moderna por lo tanto]. Traían  el ejemplo de Honorio que fue papa legítimo y nadie le depuso.  O sea Belarmino cree que el papa puede caer en la herejía y por este hecho deja de ser papa ipso facto . Pero puede y debe ser depuesto por la Iglesia, frente a Torquemada y Cayetano, por juicio y con castigo, porque ya no sería papa.

(3) IN VIII Synodo, act. 7, recitantur Acta Concilii Romani sub Adriani, et in iis continebatur, HONORIUM PAPAM jure videri anathematizatum, quia de haeresi fuerat convictua, ob quam solam causam LICET MINORIBUS IUDICARE MAIORES. Ubi notandum est quod etsi probabile sit,  HONORIUM NON FUISSE HARETICUM, ET ADRIANUM PAPAM DECEPTUM EX CORRUPTIS EXEMPLARIBUS VI SYNODI,  FALSO PUTASSE HONORIUM  FUISSE HAERETICUM: tamen non possumus negare quin Adrianus  cum Romano  Concilio, imo et tota Synodus VIII generalis senserit, in causa haresis posse Romanum Pontificem.

De este intesante texto se extrae que Belarmino creía que era probable que Adriano fuese engañado por los textos falsificados [por los griegos] y que Honorio fue juzgado falsamente– con probabiidad-  como hereje. Pero concede que el  papa Adriano con un Concilio romano, y sobretodo que un concilio general como el VIII, podía juzgar, en la causa de herejía, a un Pontífice Romano.

De donde hay que concluir  que Belarmino creía que un pontífice  romano hubiera podido caer en la herejía. Lo cual reconozco que contradice la tesis general del blog. Aunque aquí viene a cuento lo dicho en el texto del post, sobre el carácter no absoluto e infalible de la opinión de un gran doctor de la Iglesia. Aunque al parecer no tiene en cuenta otros actos del Magisterio, como la bula Cum ex apostolatus y la bula de Sixto IV Licet ea y en el manual de Collantes en la barra lateral, La Fe de la Iglesia (Capítulo IX, apartado V, párrafo 10)

Pero como alarmado por lo que acaba de decir sigue:

ADDE QUOD EST MISERRIMA CONDITIO ECCLESSIAE SI LUPUM MANIFESTE GRASSANTEM, PRO  PASTORE AGNOSCERE COGERETUR.

¡Qué desgraciada sería la condición de la Iglesia si campando el lobo abiertamente, fuera compelida a reconocerlo como [supremo] pastor.!

Parece como que se refiriera a nuestras días. Con San Alfonso- que al parecer se remite a este texto-  decimos que esta realidad no llegará a suceder en la Iglesia por la providencia de Dios. Nosotros añadimos, que como la Iglesia siempre lo ha creído (hasta la Edad Moderna) ES IMPOSIBLE QUE UN PAPA VÁLIDO CAIGA EN LA HEREJÍA PORQUE ES INFALIBLE. Esta es la razón por la que hemos defendido la infalibilidad Pontificia en el blog, fundados en razones escriturarias, patrísticas, de muchos doctores con SantoTomás a la cabeza, de todos  los papas, y de todos los santos,  e incluso del sensus fidelium hasta nuestros días, en que se ha hecho general entre unos fieles que han perdido versosímilmente la Fe teologal, como también  entre los pseudo-obispos y la mayoría de pseudo-teólogos modernos recalcitrantes.

11 replies »

  1. La separación del trigo de la cizaña es atributo de Jesús, quien según las escrituras lo haría en su Segunda Venida. Antes de ésta, pues, los antipapas y los herejes forman parte de un Pueblo de Dios que espera su juicio, el cual supone la separación definitiva de cabras y ovejas. La discusión de este artículo, pues, es vana. Ni el pueblo tiene atributos para excluir a un anti-Papa, ni un Papa verdadero para excluir a una oveja descarriada. Recordemos que ésta puede volver al rebaño, recuperando la gracia, en cualquier momento. Las excomuniones de los bautizados hay que entenderlas como una separación provisional, la cual es definitiva tras el juicio de Dios (con las palabras “apártate de mi maldito de mi Padre, porque ….”

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  2. Tengo a la vista el texto de Bellarmino. Expone 5 opiniones. Primero considera la de Pighi. Y dice que es una sentencia probable, que se puede defender con facilidad. Pero que no es cierta y tampoco es sentencia común. Además, al considerar la quinta opinión, por la que el papa puede caer en herejía, dice que esa es la verdadera.

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  3. He tenido en cuenta su comentario para corregir algún punto y añadir algunas cosas. Quería que apareciera clara mi opinión. Del texto, que le ruego relea con sus notas, se derivan los puntos siguientes:
    1. La sentencia de Pighio es como Ud. dice probable y se puede defender con facilidad. Pero no es común. La quinta, aunque Vera, no sería cierta frente a ella ya que ésta es probable. (Nada es cierto frente a algo contrario probable). Frente a ella no admite con certeza, que in ullo caso el papa no podría ser juzgado y depuesto, sino que cree que sí podría, pero con la salvedad, que expone en la quinta, de que no sería ya papa.
    2. La segunda que sostiene que el papa podría ser juzgado incluso por herejía oculta, la rechaza totalmente, como falsa.
    3. La tertia opinio, de Torquemada, considerada por él valde improbabilis, la rechaza también con certeza, porque cree que un papa, no puede seguir siéndolo si es hereje. Lo cual demuestra, contra Cayetano. También rechaza como improbable la opinión de la herejía de Honorio.
    4. La opinión cuarta de Cayetano, la rechaza con certeza, como se ve en su crítica.
    5. la quinta que él expone, aunque admita que un papa puede caer en la herejía, dice que el papa se depone a sí mismo cuando cae en la herejía manifiesta (notoria y pertinaz). Si es juzgado lo será no siendo ya papa El juicio y castigo serviría, pienso yo, para dejarlo en claro ante la Iglesia, y por el bien de ella.
    En las tres notas expongo todo esto con más extensión, y considero que si fuera así, él podría haberse equivocado, en mi opinión, pues un doctor no es infalible.
    La tesis del blog es que un papa verdadero no puede caer en la herejía. Si se diera vendría a demostrar que “ab initio” no lo era. Creo que esta ha sido la manera práctica de proceder en la Iglesia. Y cuenta con la confirmación de dos bulas ex cathedra.
    Le agradezco su comentario.

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  4. De lo expuesto no se deduce que san Roberto Belarmino llegase a creer alguna vez que un Papa pudiese caer en herejía, sino que era posible que un verdadero Papa, en este caso unido al Sínodo Romano, podía examinar si efectivamente se había dado falta en uno de sus predecesores, acusados por los siempre pérfidos orientales que ya preparaban el cisma.

    Y si lo examinaron, consta por la continuación de la historia que inocentaron una vez más al pobre Papa Honorio, tan injustamente calumniados por aquellos que demuestran con ello que no son católicos, sino encubiertos enemigos del Papado.

    Pero supongamos que el Papa con el Sínodo hubieran encontrado que efectivamente Honorio, u algún otro Papa, efectiva y realmente había caído en herejía, pública y notoriamente, sin que pueda caber duda razonable (lo cual ya es muchísimo suponer), ¿Qué habrían concluido? ¿Que un Papa verdadero había caído en herejía? No por cierto, sino más bien, que ese personaje jamás había sido Papa legítimo, que es lo que la Iglesia ha tenido que declarar varias veces, por ejemplo, en el caso de Anacleto II, el más conocido.

    Es en ese sentido, y únicamente en ese, que hay que interpretar a los canonistas, y a algún texto más o menos dudoso atribuido a uno u otro Papa, en que se dice que la Primera Sede no puede ser juzgada, a no ser en caso de desvío de la fe.

    No estaban diciendo que un Papa legítimo podía desviar de la Fe, y ser juzgado, sino esto otro: Si alguna vez llega a aparecer la herejía, o siquiera el error en la fe o la moral en aquél que se sienta como sucesor de san Pedro, que se sepa que es signo infalible de que esa persona no ha sido elegida canónicamente, que nunca ha sido Papa, y por ende, que puede ser juzgada, y expulsada de la Sede mal habida. No se juzga al Papa, sino si hay Papa o no lo hay.

    Que es lo que siglos más tarde recogerá, codificará y definirá Pablo IV.

    Otro tema es quién debe realizar ese juicio, sobre si ha habido unión entre materia (el elegido) y forma (el Pontificado).

    Es sentencia siempre aceptada que esa tarea le correspondía al Sacro Colegio de cardenales, puesto que es el encargado de escoger la materia remota (el candidato elegible), y, por medio de su designación, convertirlo en materia próxima inmediatamente apta para recibir la forma del Pontificado, en cuanto pronunciase la aceptación canónica.

    Sin embargo, como esta doctrina se había ido oscureciendo en las mentes incluso de los más preclaros teólogos desde los principios del S. XVI, había que tratar de otra vía por la que los católicos pudiesen comprobar que ese que hasta ese momento habían tenido por Papa, realmente no lo era. Ya que no tenían claro que nunca lo había sido, que al menos hicieran como si había perdido el Pontificado.

    Y por esta otra vía, aunque menos segura y basada sobre un imposible, también se llega a la misma conclusión: Que si aparece herejía en el titular del Pontificado, que se ha hecho pública, y que no puede razonablemente atribuirse a alguna de las causas que en derecho disminuyen la responsabilidad (Engaño, miedo grave, descuido, confusión, enajenación mental, falsificación documental, etc…), había que concluir que esa persona, bien fuera que nunca había sido Papa, o bien se pensara que había dejado de serlo, debía ser considerado desde ese momento como no-Papa, y ser tratado y juzgado como tal.

    Así que los conciliares en este caso, se ven reducidos a argumentar del siguiente modo:

    O bien negar que haya herejía, o si aceptan que la hay, negar que sea pública, y como con Bergoglio en mundovisión, eso es difícil, negar que haya notoriedad de hecho. Es decir, que según ellos, no se podría probar que Bergoglio es jurídicamente responsable de las barbaridades que dice, hace y tolera o anima.

    A lo que habría que contestar, de momento brevemente, que el encartado Bergoglio es perfectamente consciente de las graves acusaciones que se acumulan contra él, y que no sólo no ha intentado defenderse, o ha intentado rectificar lo que otros le habrían atribuido, sino que va dando cada día más pábulo a las acusaciones. Ante cualquier tribunal del mundo, y evidentemente, ante el tribunal del sentido común, cuando una persona acusada de gravísimo crimen omite defenderse, y por el contrario, aumenta por sus dichos, hechos y omisiones los cargos que sobre él pesan, se concluye en una evidente culpabilidad, puesto que el comportamiento del arguido supone una confesión de culpabilidad (si está cuerdo) (Quien calla otorga), o directamente, de insania mental (vía que tampoco debería descartarse).

    Llegado a este punto verdaderamente surrealista en que los conciliares y otros seudo-católicos siguen pretendiendo creer en la no-imputabilidad de los pontífices conciliares, habría que recordarles que la imputabilidad se supone, y que son ellos los que tienen que probar que no ha habido conocimiento ni consentimiento en su querido Bergoglio.

    Cosa realmente complicada cuando su defendido se empeña en dejarlos en ridículo…

    En segundo lugar, plantean la pregunta de quienes, qué organismo debería encargarse de declarar la herejía pública y notoria de Bergoglio, y qué tipo de autoridad tendría esa declaración. Ahí está el talón de Aquiles de esa vía del Papa hereje…Que es evidente que nadie se va a prestar a ello, y que aunque algún obispo o cardenal se hubiese prestado, o milagrosamente se prestara a realizar tamaña declaración, sería ignorado, ridiculizado, y el efecto jurídico de esa declaración sería por lo menos dudoso.

    Por eso ha dicho siempre la Iglesia, y recoge la Bula de Pablo IV, que no había que esperar ninguna declaración de quién fuera para empezar a actuar. En cuanto aparecía una herejía clara (los ateos pueden salvarse, por ejemplo), o en su ausencia, un conjunto de signos que mostraran que el supuesto Papa era hereje, había que separarse de su comunión, dejar de reconocerlo, y no parar hasta expulsarlo, sin temer que los señalaran como cismáticos.

    No eran insensatos, preveían perfectamente que si había que esperar una declaración de no se sabe quién, si los cardenales, un Concilio imperfecto, a alguna que otra instancia, eso o no llegaría nunca, porque los hombres son cobardes y acomodaticios, o si alguna vez llegaba a darse, lo más seguro es que sólo contribuiría a engendrar más confusión, porque no estaba nada clara su autoridad real, faltando la cabeza soberana.

    No deberíamos estar todavía considerando zarandajas infocaóticas o sofronianas, que ya se bastan para ridiculizarse a sí mismos, cuando tienen a un archihereje Bergoglio, que se lo va a poner difícil hasta al Anticristo si quiere superarlo.

    Ya no estamos en el hipotético caso de un Papa normal, a quién un día se le escapa una frase más o menos afortunada o prudente, enseguida interpretada por algunos fanáticos histéricos como herejía, al modo en que veíamos a algún decapitador de opereta pretendiendo encontrar herejía en el magisterio de Pío XII.

    Estamos ante el festival de las mayores atrocidades jamás vistas, y anunciando peores todavía, por alguien que no se arrepiente ni da explicaciones, y todavía escupe a los que se las piden.

    Una vez más, ¿Qué les hará falta a los necios voluntarios para caerse del guindo?

    Me pregunto qué estarán diciendo los doctores de los siglos XVI-XVII cuando ven a ciertos doctores de medio pelo abusando de sus obras para mantener una situación que ellos no habrían imaginado ni en sus peores pesadillas.

    Por cierto, hablando de doctores. San Roberto Belarmino, como hombre falible que era, pudo errar en una u otra afirmación de sus obras.

    Pero desde luego, en su calidad de Inquisidor Prefecto, no se equivocó en su condena, tanto de la teoría heliocéntrica, como de las afirmaciones del tal Galileo. Ha sido la Iglesia la que ha condenado una y otro como formalmente heréticos. Y los descubrimientos científicos modernos no han hecho sino confirmar esa verdad que de todos modos, todo católico estaba obligado a creer, una vez había sido aprobada por el Papa la sentencia en forma específica.

    http://infocatolica.com/blog/friocaliente.php

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  5. Dice F.Eusebio:

    “habría que recordarles que la imputabilidad se supone, y que son ellos los que tienen que probar que no ha habido conocimiento ni consentimiento”

    Si no lo es, es lo que más se parece a un desvarío; es el derecho romano al reves. Dios nos libre de mentes tan alejadas de la verdad y si hemos de ser juzgados, que lo haga un tribunal de la Santa Inquisicón y no estos iluminadados de su propia luz.

    Corresponde a la acusación la prueba del delito, porque la inocencia se supone como al soldado el valor.

    Desde luego que se puede estarse de acuerdo con su tesis de que Jorge Bergoglio no es papa; pero sólo hasta ahí; porque sus argumentos no son suficientes, Interpreta a los canonistas según su propia opinión acalorada por sus prejucios, haciendo caso omiso de grandes teólogos que dicen lo contrario de F. Eusebio.

    Le agracería a quien se esconde detrás del seudónimo de F. Eusebio, que no se cierre en su jaula mental y que ponga estos ‘argumentos’, por ejemplo, en el debate que se está teniendo en estos momentos en infocaotica: http://info-caotica.blogspot.com.es/, sobre los problemas del automatismo del bellarmismo, la infalibilidad hipertrofiada, sobre Suárez en torno al papa hereje y el sedevacantismo en general. No se quede sólo en los lugares donde acuden sus corifeos y ponga en liza sus ínsólitas conclusiones teólogicas que ponen fuera de Iglesia a todos los que no piensan como él.

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  6. Rvdo.Padre o estimado señor:
    Permítame expresar la disyuntiva porque en internet y entre los comentaristas de un blog, cualquier cosa podría caber. Tanto más que entre los religiosos actuales, sobretodo dominicos, no es usual actualmente, ni lo fue en el pasado, usar, a lo menos con carácter general, el nombre de un santo o misterio, como Ud usa, sino el apellido o dos apellidos. Claro que bien pudiera suceder que su verdadero nombre fuera Miguel, su apellido fuera Santa María, y su adscripción a la Orden dominicana, veraz. Entonces quedaría perfectamente aclarada la disyuntiva y el uso de las gloriosas siglas O.P.
    Dejo a un lado, para la respuesta que dé el interesado, su disentimiento intelectual, que ha tenido a bien exponer, respecto de lo dicho por Fray Eusebio. Y que naturalmente se le agradece, junto con el notable enriquecimiento del blog, y del post, que supone su comentario. Otra vez, muchas gracias por su contribución.
    Pero en contraste con las opiniones respecto del comentario que Ud., a su vez, apostilla, sorprende en un religioso usar términos tan poco amables como lo son: desvarío, mentes tan alejadas de la verdad, iluminados, opinión acalorada por sus prejuicios,jaula mental, caso omiso de grandes teólogos, etc. Todo ello hace de su comentario el que sea propio de alguien poco acostumbrado al debate educado y a la liberalidad que se exigiría de un religioso de estirpe tan gloriosa.
    Me permito aconsejarle, por si vuelve a entrar en el blog, el que haga gala de un talante distinto al que usa, aun en el caso de que la razón le asista, de lo cual no ha dado un simple indicio salvo la cita grandilocuente, sin concretar, de los “grandes teólogos”. Como correspondería saber a su entrenamiento intelectual, las citas concretas, son lo que hacen a cualquier intervención en el terreno de las ideas, el poseer algún valor superior a cero.
    A propósito de los jueces de la inquisición a que Ud. alude, quizás los propios “DominiCanes”, su comentario está bastante relacionado con la persecución de los “alumbrados” españoles del XVI, pues Ud. se refiere a Fray Eusebio y quizás a otros del blog, con el título de “iluminados” cuya connotación despectiva y de engreimiento en quien la usa, a nadie se le oculta.
    Su tendencia a personalizar es bastante fuerte, como aparece claro en sus pesquisas casi policíacas por saber “quién se oculta” bajo el seudónimo de Fray Eusebio. Mire Fray Miguel, en el blog hemos rogado muchas veces que se omitan tales referencias personales, y que los intervinientes se conformen con debatir ideas, llegando si fuere necesario a un debate franco y si se quiere explícito sobre la verdad, error o incluso pertinencia de las ideas expresadas. Pero Ud, permítame que se lo diga, no es un modelo en ello. Hubiéramos agradecido que se ahorrara algunas expresiones y se atuviera a las normas de una oposición educada y cortés. En realidad nos atenemos al dicho de la “Imitación” “no mires quién lo dice sino atiende a lo que dice“, incluso para contradecirlo o mejorarlo.
    Ud. recomienda a Fray Eusebio que exponga sus ideas, sobre temas tratados en el blog, en infocaótica. Pero si es Ud usuario habitual de ese blog , debería saber que no son bien recibidos los sedevacantistas, a los que se moteja de “tradilocos” y que sus comentarios son sistemáticamente borrados como allí mismo han confesado, y me consta por alguien que ha sufrido esa censura. Lo cual no critico, pues cada uno es quién para establecer las normas de su blog. Simplemente lo constato para expresar mi sorpresa, ante su propuesta.
    A propósito de infocaótica, y sin expresar la más mínima reserva, le recuerdo que allí la mayoría de los comentarios son anónimos o de personas que “se esconden” bajo nicks, como lo son también sus editores. Se lo digo por si pudiera moderar su celo por saber el “Who’s Who” de los paseantes de la blogosfera. Celo que quizá sea congruente con alguien, a lo que parece, de la estirpe de los “dominicanes”, pero que quizás se ha mostrado esta vez, un tanto excesivo.
    Sin más que decirle, y por supuesto expresándole mis deseos de otras visitas suyas al blog, lo cual nos haría particularmente felices, pero, eso sí, haciendo gala de un carácter más amigable.

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  7. Bergoglio, Ratzinger, todos los “obispos” y la inmensa mayoría del “clero” llano conocen la teólogia y las críticas de Lefebvre al “concilio”. Todos ellos saben o tendrían que saber que la “iglesia” después del “concilio” ensenia en muchos casos todo lo contrario del Magisterio.
    Por ejemplo, todo aquel que entiende algo de teólogia sabe que los cristianos y los musulmanes no adoramos al mismo “dios”, tal como lo afirma “Nostra aetate”.
    Eso basta para decir que son pertinaces y herejes formales.

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  8. La cizania en la Igleisa, de la cual habla Cristo, son los católicos pecadores y no los no católicos. Es dogma de Fe que los judíos, paganos y bautizados que no profesan la Fe (herejes, cismáticos y apóstatas) se encuentran fuera de la Iglesia. En la Iglesia ha católicos pecadores, pero no desviados de la Fe, como Bergoglio y Ratzinger.

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  9. Al individuo que se esconde tras el seudónimo Miguel de Santa María O.P:

    Como quizás haya podido observar, hablo de imputabilidad del delito, es decir, no sólo que efectivamente ha habido perpetración externa, visible, comprobable, de la ley, sino que además, esa vulneración es consciente y voluntaria, y que por ende, el o los que lo han cometido son verdaderamente culpables, y merecen la pena que les imponga la ley, o el superior legítimo.

    Por lo tanto, lo que debe probar un tribunal eclesiástico, o un fiel que acusa a alguien, por ejemplo, de herejía, es que efectivamente el acto, conjunto de actos, u omisiones, o palabras que configuran el delito de herejía, efectivamente ha sido perpetrado por esa persona, y que realmente son de tanta gravedad y entidad como para merecer la nota de herejía.

    Por eso el Santo Oficio solía enviar el informe de las personas investigadas a lo que se llamaban calificadores teólogos, que normalmente no pertenecían a la Inquisición, para que fueran esos los que dictaminaran sobre la gravedad del extravío documentado con indicios y pruebas, y si merecían la censura de herejía, o alguna otra más leve, como falsa, malsonante, resabiada de herejía, etc…

    Como ve, hasta aquí, había mucha prueba hecha, eso, sin que se encausara siquiera al interesado, que podía perfectamente ignorar que estaba siendo investigado por el Santo Oficio.

    Ahora bien, una vez se había realizado esa primera fase de instrucción, y se había probado que realmente x había dado suficientes indicios de delito de herejía, y de ser él mismo hereje, se presuponía el dolo, es decir, la malicia, la responsabilidad en el fuero interno, queriendo y a sabiendas, el sujeto en cuestión había exteriorizado lo que se suponía una actitud interna herética.

    A partir de ahí, es cuando se requería al encartado que se presentara ante el Santo Tribunal, para dar razón de sí mismo y sus hechos, y probar que o bien no era el autor del delito (cosa difícil cuando ya se habían recogido muchas pruebas e indicios coincidentes antes de convocar al interesado), o bien, que a pesar de haber perpetrado el o los actos en cuestión, tenía atenuantes que suprimían total o parcialmente la culpabilidad, la imputabilidad del acto externo.

    En el caso que nos ocupa, de los Pontífices conciliares, y por extensión, del resto de la jerarquía conciliar, no pudiendo negar que, objetivamente, unos y otros han perpetrado una enorme cantidad de actos evidentemente heréticos, y dado con esa masa de indicios, materia para el convencimiento en cualquier alma recta sobre la calidad de herejes de sus perpetradores, pretenden no pocos falsos y fementidos defensores de la Iglesia, que habría una duda sobre la imputabilidad de los delitos.

    Es decir, que Bergoglio, al pretender, por ejemplo, que los ateos pueden salvarse, sería sólo un hereje material, puesto que no se daría cuenta de que estaba contradiciendo la doctrina católica, no lo sabría, no habría querido decir eso, sería una mala interpretación del periodista, etc…

    Y así con el resto de actos, palabras y omisiones abominables que llevamos viendo 50 años…Hay gente que se ha especializado en re-interpretar a los jefes conciliares, para explicar “lo que realmente quisieron decir”, aunque eso suponga violentar las reglas más elementales de la lógica y del sano sentido común, y se vean en ocasiones desmentidos y puestos en ridículo por los mismos a los que tan perrunamente defienden.

    Y como según esos grandes doctores, por muy palmaria que sea la herejía, no se puede probar nunca al 100% que es herejía formal, y como en el caso del Papa, no hay ningún tribunal que pueda declarar autoritativamente esa herejía formal, pues ancha es Castilla, por muchas barrabasadas que cometa uno u otro Bergoglio conciliar, jamás será posible concluir que no es lo que pretende ser y quitarlo de un puesto mal habido…

    Pues sepan todos ellos que se equivocan, y que no necesitamos probar que su herejía es formal, moralmente imputable, para poder concluir que (para unos) ha perdido el Pontificado, o (para nosotros), que jamás lo ha tenido legítimamente (conforme a la Bula de Paulo IV).

    He aquí unas pocas pruebas de ello, en absoluto exhaustivas:

    Código de Derecho Canónico 1917, Canon 2200, 2: “Quebrantando externamente la ley, se da una presunción de dolo (malicia) en el foro externo, mientras no se demuestre lo contrario”.

    El P. Eric. F. Mackenzie, comentarista del Derecho, explica:

    “La comisión misma de cualquier acto que signifique herejía, por ejemplo, la declaración de alguna doctrina contraria o contradictoria a un dogma revelado y definido, da motivo suficiente de presunción jurídica de depravación herética(…) Circunstancias justificantes deben probarse en el fuero externo, y la carga de la prueba recae en la persona cuya acción ha dado lugar a amonestación o sospecha de herejía. A falta de dicha prueba, todas las excusas se presume que no existen”.

    Nuestros mismos adversarios se han visto obligados a reconocer literalmente cientos de actos, palabras y omisiones indiciarios de herejía, que han sembrado el escándalo en todos los fieles, e incluso entre los acatólicos, y han provocado además multitud de acusaciones de herejía, cisma. escándalo, etc…

    Incluso oficialmente, se puede considerar el envío del breve examen crítico del Novus Ordo Missae a Pablo VI, por los cardenales Ottaviani y Bacci (el primero, Prefecto del Santo Oficio), en que éstos purpurados concluían que se alejaba impresionantemente de la doctrina católica, y señaladamente de los cánones de Trento, como una amonestación clara y perfectamente oficial.

    Ante ésto, todo prelado católico, y mucho más un Papa, hubiera debido ir corriendo a ofrecer explicaciones, restablecer cuidadosamente la doctrina católica, y protestar de su inocencia y rectitud en la fe, a la vez que tomaban todas las medidas legislativas y gubernativas necesarias para purgarse de la sospecha que sobre ellos había recaído, justamente o no, voluntariamente o no.

    ¿Hicieron esto los jefes conciliares? De ninguna manera. Al revés, todavía pisaron más el acelerador, hasta llegar al paroxismo bergogliano, que ni siquiera se molesta en disimular el sumo desprecio que le merecen las enseñanzas, ritos, tradiciones y demás de la Iglesia Católica, y que parece encontrar un especial placer en escandalizar a los que él llama pelagianos o pepinillos en vinagre, y promete seguir escandalizando con cosas todavía más graves…

    Puesto que nunca ofrecieron ni un inicio siquiera de justificación y purgación de la, como mínimo, vehemente sospecha de herejía, (el idolatrado Benedicto XVI declaraba que no corregiría nada de su ingente producción teológica, en la que se pueden encontrar numerosas notabilísimas herejías, por ejemplo), ¿Qué debemos suponer, que son católicos, cuando todas las evidencias están en contra?

    Los papoclastas no pueden exigir que realicemos un acto de fe, que sería más bien un acto de creencia en lo absurdo, cosa que ni Dios puede pedirnos.

    Decía el Papa Inocencio IV en el Primer Concilio de Lyon, en 1245:

    “La ley civil declara que aquellos deben ser considerados como herejes, y deben ser sometidos a las sentencias dictadas contra ellos, incluso quienes por una leve evidencia se descubre que se han extraviado del juicio y del camino de la religión católica”

    Me parece que aquí, hay más que una leve sospecha…

    Y explica san Roberto Belarmino:

    “Pues el hombre no está obligado, o en condiciones de leer los corazones, sino que cuando ve que alguien es hereje por sus obras externas, lo juzgan pura y simplemente como un hereje, y lo condenan como tal”.

    ¿O es que alguien pretenderá con un mínimo de sentido común, que Dios obliga a sus hijos a seguir obedeciendo a alguien que ha dado gravísimos indicios de herejía, exponiéndolos a sí a perder su alma?

    ¿O se pretende acaso que el zorro declare por escrito su intención de matar a las gallinas, para por fin cerrar la puerta del gallinero?

    ¿Tenemos que esperar a que el lobo declare claramente a caperucita cardenalicia su intención de devorarla, para agarrar el cachabo, y echarlo?

    Nos dice el Evangelio: Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros disfrazados de piel de oveja, mas por dentro, son lobos rapaces. (Mt. 7,15).

    No hay forma más eficaz de ayudar a un falso profeta que insistir en que a pesar de su manifestación pública de herejía, sigue manteniendo su autoridad en la Iglesia.

    Muy otro ha sido el comportamiento de esa misma Iglesia: El Papa san Celestino, al tratar el caso del hereje Nestorio, segundo jerarca de la Iglesia en cuanto Patriarca de Constantinopla, confirma autoritativamente el principio de que no podemos considerar a un hereje público como a una persona con autoridad.

    Es bien conocido cómo, en cuanto Nestorio predicó la herejía desde lo alto de su cátedra, afirmando que María no era la Madre de Dios, sino sólo la Madre de Cristo, los fieles reaccionaron inmediatamente rompiendo toda comunión con él, saliendo de la Iglesia profanada, y proclamando: “¡Tenemos emperador, pero ya no tenemos obispo!”.

    Nestorio intentó abusar de una autoridad que ya no tenía, deponiendo a los clérigos y excomulgando a los fieles que lo denunciaban, (bajo la cómoda excusa, seguramente, de ser rompedores de la unidad, cismáticos o herejes, ¿nos suena, verdad?).

    Por lo que el Papa san Celestino declaró: “La autoridad de la Sede Apostólica ha determinado que el obispo, el clérigo, o el simple cristiano, que haya sido destituido o excomulgado por Nestorio o sus seguidores, después de que éste último comenzó a predicar la herejía, no serán considerados como depuestos o excomulgados. Porque el que ha desertado de la fe con tales pronunciamientos, ya no puede deponer ni prohibir a nadie en absoluto”.

    El Papa Pío IX confirma ese principio cuando enseña que el delincuente es considerado hereje o cismático aunque no haya sido declarado tal por la Santa Sede:

    Pío IX Quartus supra 6 de enero 1873:

    “Dado que la facción de Armenia es así, ellos son cismáticos aun cuando todavía no hayan sido condenados como tales por la autoridad apostólica”.

    Por esa razón, los santos, teólogos y canonistas, cuando consideran la hipótesis del “papa hereje”, evitan los términos de herejía material o formal, que corresponden al fuero interno, y utilizan más bien los de herejía pública, manifiesta, notoria, etc…sin referirse al fuero interno, por la buena razón de que una vez comprobado que efectivamente el autor del delito es una persona que pretende ser Papa, y que demuestra no haber actuado contra su voluntad, ésta es inexcusable, y el dolo en modo alguno puede dejar de presumirse, y surtir sus correspondientes efectos legales.

    Así dice el notable F.X. Wernz-Vidal en 1943 (Ojo, después del Código de 1917, para los que intenten usar alguna treta canónica más para no reconocer lo evidente:)

    “El Romano Pontífice que cayese en herejía de manera notoria y abiertamente revelada, por ese mismo hecho se consideran como privados del poder de jurisdicción, INCLUSO ANTES DE CUALQUIER SENTENCIA DECLARATORIA DE LA IGLESIA…”

    Cabe decir aquí que los Papas no pueden ser herejes materiales porque conocen perfectamente los dogmas que niegan, están obligados a conocer la doctrina y el resto de sus deberes como pastores de la Iglesia, por lo que cualquier alegación de ignorancia, que en el caso de los simples fieles es plausible, en el suyo, es ignorancia crasa y perfectamente vencible, por lo que no sólo no sería eximente o atenuante, sino agravante.

    Si además, demuestran no creer ni siquiera los misterios esenciales de la Fe, necesarios a todos con necesidad de medio para la salvación, es evidente que ya no son católicos, ni en el fuero interno, ni en el externo.

    Todo esto, si concediéramos:

    1. Que un Papa sólo es infalible en una parte de su magisterio, pero puede enseñar el error en otras, y ello a toda la iglesia.

    2 Que un Papa puede caer en error contra la fe, e incluso en herejía, como persona particular.

    3. Por lo que una vez exteriorizado el error e incluso la herejía, enseñada no sólo en el magisterio ordinario del Papa sólo, sino también en el magisterio ordinario y universal, e incluso en el magisterio extraordinario, como lo es el de un Concilio Ecuménico, más pública y notoria, creo que es imposible,

    4. Habría perdido el Pontificado, sin necesidad de una improbable declaración de no se sabe muy bien quién, porque los autores dicen de la Iglesia, que siendo ésta una persona moral, representada en su Cabeza visible, una vez falta ésta, o es dudosa, ¿Quién tendrá autoridad para pronunciar tal sentencia, que aunque se pretenda simplemente declarativa, sería autoritativa?

    ¿Un Concilio imperfecto? Sin su Cabeza, no es nada, ni tienen autoridad alguna sus decisiones mientras no las apruebe un Papa en acto, no dudoso.

    ¿El Sacro Colegio? Sería lo más probable, pero ya tuvieron buen cuidado los subversivos de trufarlo de herejes, antes mismo de iniciar el Concilio, volviéndolo inoperante, como se vio cuando la iniciativa de los cardenales Ottaviani y Bacci; ningún cardenal más u obispo quiso seguirlos, aunque muchos habían prometido su apoyo, entre otros, un cierto Mons. Lefebvre…

    Habiendo andado el tiempo, los “cardenales” actuales son tan nulos o dudosos como el que los ha nombrado, por lo que incluso si por milagro hicieran esa declaración, sería de nulo valor.

    Pero como negamos 1. y 2., las conclusiones, aunque válidas en hipótesis, no se cumplen en la práctica.

    Entre otras razones, precisamente para evitar tener nunca que plantear esa cuestión de un papa hereje, y procurar resolver la imposible cuestión de cómo nos libramos de aquél a quien nadie puede juzgar en la tierra, quiso Dios conferir al Papa el don de la indefectibilidad, que a partir de él, se comunica al resto de la iglesia.

    Esa indefectibilidad es lo que no le permitirá nunca creer el error en la fe o la moral, incluso como persona particular, y es también la raíz de la infalibilidad, es decir, el estar permanentemente preservado de enseñar el error a la Iglesia, cualquiera sea el modo y forma de ese magisterio.

    Por lo que si aparece no digo ya la herejía, sino incluso un error contra la fe o moral, que no pueda ser claramente encuadrado en ésta, es señal infalible de que ese ocupante del solio petrino no es Papa legítimo, puesto que todo Papa legítimo, por ese doble privilegio de indefectibilidad e infalibilidad, por definición viene impedido de fallar, por la acción preservativa del Espíritu Santo.

    Es como un diamante que sabemos irrompible e inrayable, por la solemne Promesa de Cristo. Si encontramos en él una falla, o un rayón, sabemos con absoluta certeza que es una falsificación.

    Aquí, ya no debemos rompernos la cabeza y disputar sin fruto ni fin si son galgos o son podencos, si la herejía es material o formal, si pública o notoria suficientemente como para poder dictar sentencia de deposición, sobre quién pone ese cascabel a tanto gato, etc…

    Sólo debemos saber si el encartado ha actuado libremente y asume que ha dicho, hecho u omitido libre y conscientemente eso que constituye o bien un indicio claro de herejía, o bien una enseñanza en sí misma herética, no importa si su autor es el Papa o el Maestro Ciruela, que no sabía leer, pero puso escuela (y de teología, fijo…).

    Todo esto, lo sabían ya los pérfidos griegos del primer milenio, (que ya preparaban el cisma por odio a la superioridad de derecho divino de la Sede Romana), así que crearon el caso del Papa Honorio, a base de incalificables falsificaciones en documento público y múltiples calumnias varias, para sentar un precedente que pareciera demostrar que un Papa podía caer en herejía, enseñársela a la Iglesia, y ser juzgado como tal por ella.

    Los papoclastas lo saben perfectamente bien, lo mismo que saben que antes de la definición de 1870, este y otros casos fueron cuidadosamente examinados, una vez más, y los mismos Padres del Concilio decidieron incluir en la Constitución Pastor Aeternus unas frases en las que se declaraba que la Sede Apostólica nunca había fallado en la fe, y que ello jamás ocurriría.

    Poco importa a los fautores de herejes infocaóticos que el Papa Pío IX protestara numerosas veces contra esos falsos católicos y verdaderos traidores que se esforzaban por renovar una y mil veces esas controversias históricas ya varias veces juzgadas, sin temer reverdecer las más horrendas calumnias contra los Papas con tal de sentar sus perversas tesis teológicas, las mismas de los “ortodoxos”, galicanos, jansenistas o modernistas.

    Por esa misma razón, deben negar “mordicus” que un Papa no puede enseñar la herejía o siquiera el error, e ir a los basureros de la historia a desenterrar del fango putrefacto alguna que otra momia historiográfica 20 veces refutada y aun condenada.

    O restringir lo más posible el alcance de esa infalibilidad, aunque ello suponga falsificar el sentido auténtico de una definición conciliar.

    Es esa misma gente que un día abomina de la “torquemaditis”, consistente en acusar de herejía a lo que propiamente no merece el nombre de tal, para al poco tiempo, darle la palabra …[a quienes acusan a algunos papas de heréticos] Claro que eso, a los papoclastas, más bien los regocija…

    Esa misma gente, que filtra cuidadosamente el mosquito de una acusación imprudente o exagerada, pero se traga los varios camellos de cada uno de los heresiarcas conciliares.

    Esa gente, que hace tradicionalismo teológico, apilando textos y más textos, de autores que jamás concibieron una situación como la actual, a los que un día ensalzan y ponen por las nubes, si les sirve, para al poco rato derribarlos “automáticamente”, aunque sea un Belarmino.

    Pero que eso sí, nunca jamás tomarán en serio una definición como la del Papa Paulo IV, hablando precisamente de estas cuestiones.

    Van a imitar a los subversivos con los que tuvo que lidiar san Pío V, que pretendían que la Bula Cum ex Apostolatus había dejado de tener vigencia con la muerte de su promulgador.

    Estos pretenden que dejó de tener vigencia por causa del Código de 1917.

    Y si no, pretenderán que es imprudente, incomprensible, impracticable, incompleta, imprecisa, etc…TODO, menos someterse a sus prescripciones.

    Ya los han precedido desde hace mucho los papoclastas lefebvrianos, que al fin, es lo que son, esos, que han acabado en la bufonesca tesis williamsoniana del “mentevacantismo”: Los heresiarcas conciliares serían inocentes herejes materiales, porque su “mente liberal” ya no les permitiría distinguir entre la verdad y el error!!!

    ¡Que vayan y se lo digan a Bergoglio en las enésimas conversaciones, que seguro que se ríe mucho con la ocurrencia!

    En fin, que con gente así, que acaba negando los primeros principios con tal de no reconocer la evidencia, mal se puede debatir.

    Y si cuando lo intento, me censuran pura y simplemente el comentario, añaden a la descortesía el insulto, pues como que tengo pocas ganas de acercarme a esa inmaculada torre de marfil de la comprensión, la tolerancia y la exposición fiel de la doctrina de los que no piensan como ellos…

    Por cierto… no creo haber visto a ninguno de ellos por aquí, exponiéndonos sus brillantes teorías joanico-suarecianas, recientemente repescadas para la ocasión.

    No vaya a ser que esos frikis tradilocos hagan como el niño del cuento, y les hagan ver que el Bergoglione está desnudo…

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  10. Las mismas “razones” a favor del hereje debería ser validas en el caso de una mujer (véase la fábula de la papisa Juana etc., etc.); y que raro, en éste caso todos dirían lo contrario: nunca fue papa; hay que echarla etc., etc.

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  11. en esta equívoca y engañosa, capciosa y contradictoria pregunta se concentran las dos posiciones opuestas sobre el particular, y lo mismo, y con razón, se puede responder sí o no, en efecto: podemos responder que no siguen siendo papas, porque ya está claro que por herejes no pueden ser papas, que nunca en realidad lo fueron, pero también podríamos responder en rigor que sí siguen siendo papas, precisamente porque si alguna vez fueron papas nunca dejarán de serlo por volverse herejes, porque tal cosa, palabra de Dios, nunca podría suceder, todo el problema se resuelve si elucidamos qué entendemos por papa: lo que real y verdaderamente es y debe ser y siempre fue un papa o simplemente el sujeto (bastante sujeto, como don Hilarión ente las guapas de la zarzuela) vestido de blanco con más o menos gracia (más bien con ninguna gracia) que el mundo y los suyos, ay, para su desgracia (cf. Lu. 6,26), celebra y aplaude y tiene generalmente por papa

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