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QUIÉN FUE HENRI LE FLOCH


P. Le Floch

Dice en comentario Rodrigo

Saludos.
Es la primera vez que escribo aquí. Me gustaría saber dónde puedo encontrar más información sobre el Padre Floch y sus herejías. Agradezco mucho la atención y deseo larga vida a su excelente sitio. Dios los bendiga a todos.

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Por Máximo

Henri Le Floch, se enfrentó contra el Papa Pío XI y fue retirado del Seminario Francés de Roma por defender al agnóstico Charles Maurras en sus errores y promover a la proscrita Action Francaise.
Le Floch sostenía que “la peor de las herejías era la exageración del debido respeto al Papa” y realizar “una extensión ilegítima de su infalibilidad”. Precisamente el mismo argumento del hebreo Jacobo Von Schwarzenberg Arenberg, hijo de cabalistas y quien organizó la resistencia en contra de la definición dogmática de la Infalibilidad y el Primado Papal durante el Concilio Vaticano Primero.
Quien condenó los errores de Le Floch fue el papa Pío XI; y también Pío XII confirmó la condena de esos mismos errores de Le Floch, Mo estuvieron dispuestos a perdonar a Maurras hasta que éste reconoció su desatino, poco antes de morir.
El HECHO es que Henri Le Floch, por sus posturas, transformó al Seminario en la dépendance italiana de la Action française del agnóstico Charles Maurras, del cual el herético rector se declaraba ferviente admirador, a pesar de que Maurras veía a la Iglesia católica como un ente subordinado al Estado-Nación, además de un sin fin de errores doctrinales que obligaron a los obispos tradicionales de Francia a suspender su apoyo a Maurras y a pedir la intervención de Roma.
La soberbia e injustificada admiración por Maurras y sus errores será la marca de la caída de Le Floch: el papa Pío XI lanza el 8 de septiembre de 1926 una condena pública del movimiento. Desde aquel momento a los católicos no les sería ya posible adherirse, ni leer su prensa, condenada como peligrosa para la fe y para la formación de los jóvenes. Henri Le Floch dimite como una muestra de rebeldía como rector del Seminario y su dimisión será inmediatamente aceptada por el Papa. Se va de Roma el 20 de julio de 1927, dejando desconcertados a sus seminaristas. En especial, a uno de ellos: Marcel Lefebvre, huésped del Seminario desde 1923, gran admirador del padre Le Floch y de las ideas del agnóstico Charles Maurras. Más adelante el propio Lefebvre se lanzará contra el Papa Pío XI a quien criticó por deponer tanto a Le Floch como al cardenal Louis Billot, quienes defendieron hasta la rebelión las ideas anticristianas de Maurras, quien finalmente se arrepintió y buscó reconciliarse con el papado en vida de Pío XI y más tarde con Pío XII.
Le Floch ha muerto. Su alumno aventajado Lefebvre, también, pero su espíritu vive especialmente en un par de clérigos vagos aficionados a los radiosermones y en otros sacerdotes, y en una amplia pléyade de obnubilados herejes que, como los modernistas, aplauden y carcajean sus infamias, y escuchan con fruición sus herejías domingo tras domingo, pensando equivocadamente que ese capillismo sin mandato y herético es la Iglesia Católica remanente, cuando sólo son sectas cismáticas y heréticas. Lo que ningún Santo negó. Que el Papa es infalible en su magisterio solemne y en el ordinario – porque todo su magisterio es ex cátedra-, lo niegan estos con sus rebuznos

[Sigue en otro comentario de Máximo]

Las hostilidades contra el ateo Maurras y la Acción Francesa fueron abiertas por el cardenal Andrieu, arzobispo de Burdeos, el cual, el 27 de agosto de 1926, habló a un grupo de jóvenes católicos sobre la Acción Francesa. El cardenal reconocía a los católicos el derecho a preferir una determinada forma de gobierno, pero reprochaba a los dirigentes de la Acción Francesa la usurpación del terreno al magisterio eclesiástico y el haberse declarado ateos y agnósticos. Ponía en guardia a sus interlocutores contra la peligrosa impiedad de los jefes que «niegan la institución divina de la Iglesia y son anticatólicos, a pesar de los elogios, a veces muy elocuentes, que tributan al catolicismo».

Pío XI envió al cardenal Andrieu, el 5 de septiembre de 1926, una carta (publicada en el L´Osservatore Romano) en que aprobaba los términos de su proclama. Los dirigentes católicos de la Acción Francesa dirigieron el 8 de septiembre un escrito al cardenal expresando su «estupor ante los agravios…, que son la contradicción precisa, rigurosa, absoluta, de nuestras convicciones más sagradas, más profundas, más rotundamente proclamadas, como saben todos los que nos conocen.

Los católicos de la Acción Francesa no siguieron los consejos, indirectos, pero bien claros, de Pío XI. El malestar subsistió. El 25 de septiembre de 1926, el Papa, en una alocución a los Terciarios franciscanos, confirmó que estaba de acuerdo con el cardenal.
En su alocución al Consistorio el 20 de septiembre de 1926,, el Papa declaró que no estaba permitido adherirse a empresas que ponen los intereses de los partidos por encima de la religión y hacen que ésta sirva a aquéllos; no estaba permitido exponerse o exponer a los demás, sobre todo a los jóvenes, a influjos y doctrinas peligrosas, tanto para la fe y la moral como para la formación católica de la juventud. Por consiguiente, no era lícito a los católicossostener, animar y leer periódicos publicados por hombres cuyos escritos, al apartarse de nuestro dogma y de nuestra moral, no podían librarse de la reprobación.

La Santa Sede quería que Maurras y Paul Daudet se retirasen de la dirección de L’Action Française. Pero los dirigentes del diario no supieron encontrar una solución. Se resistieron a inclinarse, utilizando una frase desgraciada que les causó muchísimo daño: Non possumus, plagio irrespetuoso de las palabras apostólicas. Se negaron a «decapitar la Acción Francesa» y a incitar a los católicos franceses a unirse en el terreno de la República. «Está bien claro—añadían—. No se trata de moral ni de fe. Se trata de política.
Los puentes estaban cortados. En los primeros días del año 1927 se publicó la condena decretada bajo Pío X por la Sagrada Congregación del Santo Oficio.

De 1927 a 1939 la cuestión de la Acción Francesa fue dolorosa para numerosos católicos franceses. La actitud del periódico de Maurras fue condenable y violenta; no sólo rompió los puentes y las posibilidades de acuerdo y de sumisión, sino que atacó violentamente a la Santa Sede y a la Nunciatura. El 8 de marzo de 1927, la Sagrada Penitenciaría apostólica, respondiendo a una consulta, expresó una serie de decisiones graves: suspensión de los confesores que «absolvieran sin condición de propósito» a los lectores de L’Action Française; expulsión de los seminaristas que siguieran perteneciendo a la Acción Francesa; los fieles que leyesen habitualmente el periódico condenado deberían ser considerados como pecadores públicos y el clero debía negarles la absolución; no podrían contraer matrimonio canónico, y serían privados de sepultura eclesiástica.

En Roma se hacían sentir también las repercusiones de la condena; a fines de septiembre de 1927, el cardenal Billot pidió al Papa autorización para deponer la dignidad cardenalicia, y la Agencia Reuters indicaba entonces que esta dimisión se atribuía «a una divergencia de opinión entre el Papa y el cardenal sobre la política del Vaticano concerniente a la Acción Francesa»
El 22 de septiembre, el P. Henri Le Floch, rector del seminario francés de Roma, también dimitía; su adhesión a la Acción Francesa era bien conocida, y la ponía por encima del Papa.

La política de Pío XI coincidía en términos generales con la de León XIII; los principios que las dirigían eran el reconocimiento del poder que de hecho gobierna el país y la lealtad hacia ese poder; la voluntad absoluta de que la acción religiosa, católica, esté al margen y por encima de la acción política neo-galicana que pretendía la Acción Francesa, y sus defensores en los seminarios como el p. Le Floch, el cual, para sostener su desobediencia enarboló la herejía de Pedro de Osma, y la inoculó en la mente del hereje y cismático Lefebvre.

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7 replies »

  1. Las hostilidades contra el ateo Maurras y la Acción Francesa fueron abiertas por el cardenal Andrieu, arzobispo de Burdeos, el cual, el 27 de agosto de 1926, habló a un grupo de jóvenes católicos sobre la Acción Francesa. El cardenal reconocía a los católicos el derecho a preferir una determinada forma de gobierno, pero reprochaba a los dirigentes de la Acción Francesa la usurpación del terreno al magisterio eclesiástico y el haberse declarado ateos y agnósticos. Ponía en guardia a sus interlocutores contra la peligrosa impiedad de los jefes que «niegan la institución divina de la Iglesia y son anticatólicos, a pesar de los elogios, a veces muy elocuentes, que tributan al catolicismo».

    Pío XI envió al cardenal Andrieu, el 5 de septiembre de 1926, una carta (publicada en el L´Osservatore Romano) en que aprobaba los términos de su proclama. Los dirigentes católicos de la Acción Francesa dirigieron el 8 de septiembre un escrito al cardenal expresando su «estupor ante los agravios…, que son la contradicción precisa, rigurosa, absoluta, de nuestras convicciones más sagradas, más profundas, más rotundamente proclamadas, como saben todos los que nos conocen.

    Los católicos de la Acción Francesa no siguieron los consejos, indirectos, pero bien claros, de Pío XI. El malestar subsistió. El 25 de septiembre de 1926, el Papa, en una alocución a los Terciarios franciscanos, confirmó que estaba de acuerdo con el cardenal.
    En su alocución al Consistorio el 20 de septiembre de 1926,, el Papa declaró que no estaba permitido adherirse a empresas que ponen los intereses de los partidos por encima de la religión y hacen que ésta sirva a aquéllos; no estaba permitido exponerse o exponer a los demás, sobre todo a los jóvenes, a influjos y doctrinas peligrosas, tanto para la fe y la moral como para la formación católica de la juventud. Por consiguiente, no era lícito a los católicossostener, animar y leer periódicos publicados por hombres cuyos escritos, al apartarse de nuestro dogma y de nuestra moral, no podían librarse de la reprobación.

    La Santa Sede quería que Maurras y Paul Daudet se retirasen de la dirección de L’Action Française. Pero los dirigentes del diario no supieron encontrar una solución. Se resistieron a inclinarse, utilizando una frase desgraciada que les causó muchísimo daño: Non possumus, plagio irrespetuoso de las palabras apostólicas. Se negaron a «decapitar la Acción Francesa» y a incitar a los católicos franceses a unirse en el terreno de la República. «Está bien claro—añadían—. No se trata de moral ni de fe. Se trata de política.
    Los puentes estaban cortados. En los primeros días del año 1927 se publicó la condena decretada bajo Pío X por la Sagrada Congregación del Santo Oficio.

    De 1927 a 1939 la cuestión de la Acción Francesa fue dolorosa para numerosos católicos franceses. La actitud del periódico de Maurras fue condenable y violenta; no sólo rompió los puentes y las posibilidades de acuerdo y de sumisión, sino que atacó violentamente a la Santa Sede y a la Nunciatura. El 8 de marzo de 1927, la Sagrada Penitenciaría apostólica, respondiendo a una consulta, expresó una serie de decisiones graves: suspensión de los confesores que «absolvieran sin condición de propósito» a los lectores de L’Action Française; expulsión de los seminaristas que siguieran perteneciendo a la Acción Francesa; los fieles que leyesen habitualmente el periódico condenado deberían ser considerados como pecadores públicos y el clero debía negarles la absolución; no podrían contraer matrimonio canónico, y serían privados de sepultura eclesiástica.

    En Roma se hacían sentir también las repercusiones de la condena; a fines de septiembre de 1927, el cardenal Billot pidió al Papa autorización para deponer la dignidad cardenalicia, y la Agencia Reuters indicaba entonces que esta dimisión se atribuía «a una divergencia de opinión entre el Papa y el cardenal sobre la política del Vaticano concerniente a la Acción Francesa»
    El 22 de septiembre, el P. Henri Le Floch, rector del seminario francés de Roma, también dimitía; su adhesión a la Acción Francesa era bien conocida, y la ponía por encima del Papa.

    La política de Pío XI coincidía en términos generales con la de León XIII; los principios que las dirigían eran el reconocimiento del poder que de hecho gobierna el país y la lealtad hacia ese poder; la voluntad absoluta de que la acción religiosa, católica, esté al margen y por encima de la acción política neo-galicana que pretendía la Acción Francesa, y sus defensores en los seminarios como el p. Le Floch, el cual, para sostener su desobediencia enarboló la herejía de Pedro de Osma, y la inoculó en la mente del hereje y cismático Lefebvre.

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  2. La condena del movimiento político-social Action Française por parte de Pío XI es un asunto harto conocido y creo que no hace mucho al caso divagar ahora sobre ello si de lo que estamos tratando es de la concreta persona del P. Henri Le Floch. La cuestión primordial a la que se debería, pues, responder sin incurrir en generalidades es la siguiente: ¿Fue el P. Le Floch formalmente excomulgado?¿Acaso también fue excomulgado el Cardenal Billot? Si no lo fueron ni uno ni otro me parece que es temeridad y ligereza tildar al P. Le Floch de hereje.

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  3. Saludos.
    Deseo agradecer la caridad de la atención del señor Maximo en responder una duda acerca del Padre Le Floch. ¡Muchas gracias! Y muchas gracias al hermoso blog por la oportunidad en aclarar ese punto que yo desconocía. Dios bendiga a todos.

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  4. Aquilifer:

    La Iglesia nunca ha excomulgado nominalmente a todos los herejes, porque la tarea sería muy ardua y casi humanamente imposible. Por esa razón declara heréticas muchas falsa doctrinas, sabiéndose que a tenor de la teología católica y del Derecho Canónico, quien abraza una herejía está excomulgado latae sententiae; o sea, ipso facto, sin necesidad de declaración de la pena por parte de la Iglesia. Como el P, Le Floch defendió las herejías del movimiento de la Maurras, la Acción Francesa; sus herejías consistían principalmente en tres: neo galicanismo, sometimiento de la Iglesia al Estado, y la negación de la infalibilidad del Papa respecto a todo su magisterio, el P. Le Floch, en efecto, es un hereje, que ipso facto sale fuera del cuerpo de la Iglesia por abrazar y enseñar en el seminario herejías condenadas por la Iglesia.

    Por lo tanto, a su pregunta, respondo:

    Que no se conoce que fuera nominalmente excomulgado de la Iglesia, pero al abrazar herejías condenadas por la Iglesia, fue hereje.

    Para que lo entienda, le devuelvo la pregunta a usted, a ver si se da cuenta de que no es procedente forma de preguntar aquí como usted los hace. ¿ Fue nominalmente excomulgado de Lubac? Respondo no, pero estaba excomulgado por abrazar las doctrinas condenadas en la Pascendi, y en el Syllabus, entre otros documentos del magisterio ¿ O, habría que decir que no, según usted sibilinamente quiere decir con respeto al P. P, Le Floch?. Otra pregunta ¿ Se condenó nominalmente a Philipp Melanchton, segundo teólogo y hasta más capaz que Lutero, de la Reforma protestante? Que yo sepa, nunca fue condenado nominalmente ¿Habría pues que deducir que no era hereje, como usted sutilmente quiere hacer creer del P. Lefloch? No, porque era hereje, pues sus doctrinas fueron condenadas. Otra pregunta ¿ Fue condenado Hans Urs von Balthasar por sus varias doctrinas herética,? Que yo sepa no, pero sobre él recaían varias excomuniones por negar varios dogmas de la Iglesia. Luego, según parece usted decir para defender al hereje Le floch, Hans Urs von Balthasar no sería tampoco herejes. Otra pregunta más ¿Fue excomulgado por el Papa Ulrico Zwinglio? Que yo sepa no ¿Luego, por tal razón no sería hereje, ni estaría excomulgado, según parece usted introducir defendiendo al P. Le floch? Podría hacerle 300 o 400 preguntas más semejantes, para hacerle evidente la invalidez absoluta de su comentario y su impresentable argumento donde se deja ver la patita lefebvrista.

    Es obvio que el P. Lefoch fue un hereje, como huelga decir que Mons. Lefebvre fue un hereje ( lea el artículo en esta web titulado la “Revelación Perdida”, y éste, además, cismático, y salvo que se arrepintiera en su lecho de muerte, murió fuera de la Iglesia. Y que todos los rediosermoneros que defienden al P. Lefloch y sus teloneros que escribena aquí ó en otras partes,: lefebvristas, cléricus vagus e hinchas ue están construyendo fuera de la Viña, y son sarmientos secos,.

    Por fin, elogiamos su erudición por conocer los rocambolescos episodios de la herética Acción Francesa, pero, como por desgracia, no todos tenemos su misma erudición, haga el favor de dejar que cada cual se ilustre sobre el tema, si le es preciso y quiere, porque esta verdad -¿molesta a los lefebvritas, no es así?- no tienen ocasión de escucharla en los telesermones, de clericus vagus que, como bien dice un verdadero obispo católico: ” dan vergüenza ajena, dan pena, tristeza, y son fruto de un temperamento visceral y violento, amargado y desequilibrado .

    Y por cierto, la temeridad ciertamente recae sobre su argumento, como queda más que de sobra demostrado. Y la ligereza se ve con claridad en la in sustancia de su argumento, que carece de peso especifico alguno, porque para ser hereje es suficiente que la Iglesia defina que una doctrina es herética y alguien la abrace, y de esa manera recae la excomunión sobre él Latae sententiae, sin necesidad de declaración.Estudie más el CIC, ya que dado que por su erudición estos, y supongo que otros asuntos, le son de sobra conocidos, es probable que le sobre tiempo para ese estudio.

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  5. El comentarista Aquilifer ha sido muy acertado en su comentario, contrario a Máximo que claramente se extralimita en su papel de simple comentarista, pues no le compete declarar herejes, a diestra y siniestra, como si fuera el comendador de Roma o el supremo inquisidor y ha olvidado los principios fundamentales del catolicismo, puesto que los juicios de herejía no son competencia de los simples seglares.
    Un simple infante que haya estudiado bien su catecismo Astete sabe que, DOCTORES TIENE LA IGLESIA, es decir, personas realmente competentes para juzgar y enseñar.
    Estos juicios de herejía lanzados arbitrariamente por los blogueros (que no son más que un grupo de simples seglares sin ninguna autoridad en la Iglesia) dan una suficiente idea de lo pernicioso que se ha convertido el oficio de los blogs en la Internet.
    Además, si Máximo le dice a Aquilifer que puede seguir haciendo 300 o 400 preguntas más; forzosamente caben las siguientes:
    ¿ Se condenó nominalmente a Ngo Dic Thuc por el cisma que creó con el Palmar de Troya? ¿Por haber conferido el orden sacerdotal a varios cismáticos veterocatolicos? ¿ Por haber hecho propuestas liberales durante el concilio Vaticano segundo? ¿Por haber celebrado la misa moderna? ¿Por haberle pedido a Juan Pablo II que lo volviera a restituir como obispo en la iglesia postconciliar?
    Como pueden ver, aplicando el mismo criterio, el obispo Thuc lleva las de perder.
    A leguas se percibe que estos blogs no edifican sino al contrario, destruyen y dividen la Iglesia porque simplemente actúan como ruedas sueltas y obran TEMERARIAMENTE.
    Definitivamente, estos sitios web ya no son fuentes confiables de doctrina y abundan en meras especulaciones sin ningun cimiento de verdad ni de autoridad alguna.

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  6. Ud. está totalmente equivocado. Un fiel cualquiera debe estar preparado para denunciar en cualquier momento la herejía. Esto es doctrina de la Iglesia

    Alejandro VII, papa, condenó la proposición siguiente:
    “Quamvis evidenter tibi constet Petrum haereticum esse, si probare non possis, non teneris denuntiare” (D.S. 2025). “Aunque te conste como algo evidente que Pedro es hereje, si no lo puedes probar, no estás obligado a denunciarlo”

    San Columbano reprendió al papa San Bonifacio, por ciertas informaciones que llegaron a sus oídos; y así le dice:

    “Si tuvieras una falta, si estuvieses desviado de la fe (…); vuestros súbditos podrían, con pleno derecho, oponerse y romper la comunión contigo; y si fuera verdad y no es algo inventado por una total invención: vuestros hijos vendrían a ser la Cabeza y tú la cola” (Dt. 28,44)

    Sabto Tomás escribió lo siguiente:

    (S.T. 2-2, 33, 4 ad 2): “Cuando hay peligro para la Fe, los prelados deben ser reprendidos por los súbditos, incluso públicamente”

    Así lo hicieron los fieles de Constantinopla cuano al oír al Patriarca Honorio predicar que María no era Madre de Dios, salieron a la calle gritando : “Tenemos Emperador pero no tenemos Patriarca”
    El texto que ud. trae del Catecismo está tergiversado por Ud. y me temo que lo sabe perfectamente. El Catecismo dice que hay que responder “Doctores tiene la Santa Iglesia” cuando se preguntan cosas que no están capacitados para responder. No se refiere en absoluto al caso de una herejía formal y pública, pues en este caso deben denunciarla.
    Ud. puede repasar en este blog para comprobar cuán equivocada es su opinión que tanto daño hace a quien la lea:
    Todo católico está obligado a denunciar la herejía
    Quién es ud. para declarar hereje a nadie

    El comentarista Aquilifer a quien ud. pretende defender, es, precisamente, el que le tapa a Ud. la boca:
    Aquilifer
    15 junio, 2017 en 02:12 Editar

    Sobre la gravísima es inexcusable obligación de denunciar a los herejes, trata con una gran claridad el Com

    pendio Moral Salmaticense, 1805

    http://www.filosofia.org/mor/cms/cms1191.htm

    Parafraseando su errada sentencia “Definitivamente, comentarios como el suyo ya no son fuentes confiables de doctrina y abundan en meras especulaciones sin ningun cimiento de verdad ni de autoridad alguna.”
    Debe darse cuenta que comentarios como el que hace pervierten la sana doctrina y sólo pueden provenir de quién ignora la doctrina o de quién la tergiversa con la pretensión de defender a unos papas y a una iglesia que se aparta definitivamente de lo que fueron los papas anteriores y de lo que fue la Iglesia católica, antes de que su elemento humano se hubiera convertido en la Secta Conciliar.

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  7. Ya le ha respondido bien moimunan. Pero me temo que uted no lo aplicará, porque no ama la verdad. Sólo añadir, porque, o usted es ignorante, o escribe con la mala fe, que mons. Thuc no creó ningún cisma en el Palmar de Troya, porque cuando hizo las consagraciones ninguno del Palmar se había aún proclamado “papa”.Eso fue posterior.

    Además, usted no refuta nada, jamás pone una cita de autoridad, sólo su opinión; ustedes los defensores y elogiadores del “obispo” Lefebrve, o de Bergoglio – ambos herejes y cismáticos- están mal, mal en su teología, mal en su apostolado, mal de sus nervios, amargados y desequilibrados.

    Dé argumentos, señor, trayendo teólogos de nota, si es que los encuentra, para sostener su opinión impresentable.

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