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EUCARISTÍA Y SANTA MISA DE SAN JUSTINO


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EUCARISTIA- LA SANTA MISA
 
En San Justino podemos encontrar la santa Misa en su estado más primitivo y vemos como tiene muchas similitudes con la misa actual, es la misma fe de la Iglesia, la misma liturgia, las mismas partes, es quizás el escrito más importante de San Justino donde nos muestra como la fe en la presencia real de Cristo es algo que viene desde los mismos apóstoles del Señor:
 
APOLOGIA I, 65,66,67
 
65. 1. Por nuestra parte, nosotros, después de haber conducido al baño al que ha abrazado la fe y se ha adherido a nuestra (doctrina), le llevamos a los que se llaman hermanos, allí donde están reunidos; elevamos fervorosamente oraciones en común por nosotros mismos, por el que acaba de ser iluminado y por todos los otros esparcidos por todo el mundo, suplicando se nos conceda, ya que hemos conocido la verdad, ser hallados por nuestras obras, personas de buena conducta y observantes de los mandamientos, para así alcanzar la salvación eterna. 2. Terminadas las oraciones, nos saludamos mutuamente con un beso. 3. Luego, al que preside (cf. 1 Tm 5,17) la asamblea de los hermanos, se le ofrece pan y un vaso de agua y vino templado, y tomándolos él tributa alabanzas y gloria al Padre del universo por el nombre de su Hijo y por del Espíritu Santo, y pronuncia una larga acción de gracias, por habernos concedido esos dones que de Él nos vienen. Cuando ha terminado las oraciones y la acción de gracias, todo el pueblo presente aclama diciendo: “Amén” (cf. 1 Co 14,16). 4. “Amén”, en hebreo, quiere decir “así sea”. 5. Una vez que el presidente ha terminado la acción de gracias y todo el pueblo ha manifestado su acuerdo, los que entre nosotros se llaman “diáconos”, dan a cada uno de los asistentes parte del pan y del vino mezclado con agua sobre los que se dijo la acción de gracias, y lo llevan a los ausentes.
 
66. 1. Este alimento se llama entre nosotros “Eucaristía”, de la que a nadie es lícito participar, sino al que cree ser verdaderas nuestras enseñanzas y ha recibido el baño para la remisión de los pecados y la regeneración, y vive conforme a los preceptos que Cristo nos enseñó. 2. Porque no tomamos estas cosas como pan común ni bebida ordinaria, sino que, a la manera que Jesucristo, nuestro Salvador, hecho carne (cf. Jn 1,14) por virtud del Verbo de Dios, tuvo carne y sangre por nuestra salvación; así también el alimento “eucaristía” por una oración que viene de Él -alimento con el que son alimentados nuestra sangre y nuestra carne mediante una transformación-, es precisamente, conforme a lo que hemos aprendido, la carne y la sangre de Jesús hecho carne. 3. Es así que los Apóstoles en las “Memorias”, por ellos escritos, que se llaman “Evangelios”, nos transmitieron que así le fue a ellos mandado obrar, cuando Jesús, tomando el pan y dando gracias, dijo: “Hagan esto en memoria mía, éste es mi cuerpo” (Lc 22,19). E igualmente, tomando el cáliz y dando gracias, dijo: “Esta es mi sangre” (c. Mt 26,27-28), y que sólo a ellos se las dio.
4. Por cierto que también esto, por imitación, enseñaron los perversos demonios que se hiciera en los misterios de Mitra; pues en los ritos de un nuevo iniciado se presenta pan y un vaso de agua con ciertas recitaciones; ustedes lo saben o pueden de ello informarse.
 
Reunión dominical
 
67. 1. En cuanto a nosotros, después de esta primera iniciación, recordamos constantemente entre nosotros estas cosas; y los que tenemos (bienes), socorremos a los necesitados todos y nos asistimos siempre unos a otros. 2. Por todo lo que comemos, bendecimos siempre al Creador de todas las cosas por medio de su Hijo Jesucristo y por el Espíritu Santo. 3. El día que se llama del sol se celebra una reunión de todos los que moran en las ciudades o en los campos; y allí se leen, en cuanto el tiempo lo permite, las “Memorias de los Apóstoles o los escritos de los profetas. 4. Luego, cuando el lector termina, el que preside toma la palabra para hacernos una exhortación e invitación para que imitemos esas hermosas enseñanzas. 5. Seguidamente, nos levantamos todos a una y elevamos (a Dios) nuestras preces, y éstas terminadas, como ya dijimos (cf. I,65,3), se ofrece pan, vino y agua, y el que preside, según sus fuerzas, hace igualmente subir a Dios sus oraciones y acciones de gracias, y todo el pueblo expresa su conformidad diciendo: “Amén”. Luego se hace la distribución y participación de la eucaristía, para cada uno. Enviándose su parte, por medio de los diáconos, a los ausentes. 6. Los que tienen y quieren, cada uno según su libre determinación, da lo que bien le parece, y lo recogido se entrega al que preside. 7. Y él socorre con ello a huérfanos y viudas, a los que por enfermedad o por otra causa están en la indigencia, a los que están en las cárceles, a los forasteros de paso, y, en una palabra, él se constituye provisor de cuantos se hallan en necesidad. 8. Celebramos esta reunión general el día del sol, por ser el día primero, en que Dios, transformando las tinieblas y la materia, hizo el mundo, y el día también en que Jesucristo, nuestro Salvador, resucitó de entre los muertos; pues es de saber que le crucificaron el día antes del día de Saturno, y al siguiente al día de Saturno, que es el día del sol, se apareció a sus apóstoles (cf. Mt 28,9) y discípulos, enseñándoles estas mismas doctrinas que nosotros les exponemos para su examen.
 
De estos pasajes de San Justino se desprenden muchas enseñanzas: En primer lugar se hacen oraciones por todos los hombres ( oración universal), la lectura de los evangelios y los profetas (liturgia de la palabra  con su correspondiente homilia), el beso de la paz, la colecta. Tenemos una plegaria eucarística realizada por el que preside la celebración y el rito de la comunión ( incluso la eucarístia se lleva a los enfermos).  A parte de todo esto tenemos que se reunen en Domingo, ya no en Sábado, creen que la eucaristia no es pan o bebida “ordinaria” sino que se transforma en Carne y Sangre de Cristo ( Transubstanciación).
 
¿Acaso no es esto la Santa Misa de hoy en día? Este testimonio de presencia real y descripción de la  misa es el más importante que tenemos de los primeros siglos y donde claramente vemos que en nada se parece a los cultos protestantes, sino que ya hacia el año 150 d.C la Iglesia tenía toda una liturgia desarrollada.

1 reply »

  1. Me han dicho que en la web Divinum Officium han debido equivocarse pues Pio XII no suprimió la Fiesta litúrgica de los Siete Dolores de Nuestra Señora celebrada el Viernes de Pasión y así consta por ejemplo en el Misal para los fieles del P. Ribera, ed. Agosto 1957 que yo manejo. El Decreto de 1955 tampoco la suprime ni los Decretos de la S.C.R. de 1956-1958 relativos a la Semana Santa ni figura tal supresión en AAS. Lo que si se suprimió fue la Fiesta de S. José en la II semana de Pascua con su Octava, pero se equilibró al instituirse la fiesta de S. José obrero del 1 may.
    https://es.scribd.com/document/389090040/Misal-Diario-y-Devocionario-1957-Tomo-I-P-RIBERA

    Quisiera que uds. vieran en este articulo los importantes y “revolucionarios” cambios que San Pio X en su día efectuó amén de los iniciados antes por León XIII y los de Pio XI. De ruptura y revolución nada, y es que la Iglesia actúa así bajo el influjo del Espíritu Santo adaptando lo contingente a los tiempos y por amor de los fieles. Vemos una evolución HOMOGENEA del dogma, la liturgia y la disciplina (Vid. Zola). Otra cosa es que hoy por la sede vacante y aplicando el canon 436 no haya que innovar NADA y en lo litúrgico y disciplinar nos hayamos quedado en 1958 como detenidos en el tiempo.
    Cánon 436: NIHIL INNOVETUR SEDE VACANTE. (Durante la Sede Vacante no se permite ningún cambio o innovación).
    https://ortodoxiacatolica.org.mx/san-pio-x/san-pio-x-reformador-de-la-liturgia/

    San Pio X redujo en 1911 las fiestas de precepto (de 36 pasaron a 8) Cn. 1247. También hizo una consulta a la SCR en 1913 para que se valorase la posibilidad y conveniencia de fijar definitivamente la fecha de la Pascua. Los cambios en el Breviario fueron notables y se quería primar el culto Dominical frente al de los santos que había crecido enormemente llegando a sepultar al primero. Y fue el Papa de la comunión frecuente, cosa que muchos clérigos filo jansenistas veían sacrílego en su día.
    León XIII entre otras cosas simplificó y atenuó enormemente las Reglas de los Terciarios. Y Pio XI consolidó la participación activa de los fieles con las Misas dialogadas y permitió las lecturas de la Sagrada Escritura en lengua vulgar desde los años 30.
    Las reformas de Pio XII son pues continuadoras de todo esto y por tanto legítimas, ortodoxas y necesarias. Las del periodo del Antipapa Juan XXIII, casi con seguridad son la concreción de las de Pio XII, quién sabe, menos quizás la inclusión de S. José en el Canon (que prácticamente desde S. Gregorio Magno ha permanecido intacto), otra cosa es la duda sobre la legitimidad de Roncalli y de ahí que debamos rechazarlas por seguridad.
    El mismo Mons. Lefebvre, gran Patriarca de la Tradición final de la Iglesia, como verdadero tradicionalista, no era enemigo de todo cambio, en su libro “la Misa de siempre” también se muestra partidario de modificar y actualizar algo la Misa de los Catecúmenos, incluso adaptándola a la lengua vernácula.

    Y es que la iglesia no está petrificada en el tiempo, evoluciona homogéneamente. Es una falsa dialéctica (lo mismo que la falsa dialéctica de los papólatras conciliares y los papoclastas sedevacantistas viscerales dogmatizantes, no teológicos: hay que buscar el equilibrio de la Verdad) falsa dialéctica digo, querer conservar a ultranza todo lo pasado, igual que querer destruir y estar siempre innovando como hacen los modernistas. Es la misma dialéctica entre conservadores y revolucionarios. Esto sólo beneficia a Roma apóstata. Eso no es la Tradición. La Tradición consiste en transmitir algo vivo, no muerto, en hacer una entrega tradere,…”es la transmisión del fuego, no la adoración de las cenizas” (Chesterton). Y se hace a beneficio de inventario como diría Vázquez de Mella, no de la nada. Y con cada fase de esa entrega va un enriquecimiento más. Por eso sin tradición no hay verdadero “progreso” que dirá Mella. En lo político, al igual que los arqueologistas, los liberales “moderados” de Martínez de la Rosa con su Estatuto Real de 1834 quisieron resucitar la Ley de las Siete Partidas de Alfonso X el sabio, sólo en lo que a ellos les interesaba claro, en contra de las últimas leyes semi-sálicas Borbónicas e impugnando la siempre vigente Novísima Recopilación de 1805 que demuestran la legitimidad dinástica del Carlismo español. (Vid. Historia del Tradicionalismo español, T.IV, Ferrer). Esto mismo hacen los modernistas cuando reivindican el cristianismo primitivo. Procuremos no caer nosotros en un arqueologismo de lo Tridentino impugnando la acción del Espíritu Santo en la Iglesia en los últimos tiempos con los nuevos y oportunísimos cambios litúrgicos habidos antes de la Abominación de la desolación en el lugar Santo (1958)

    Respecto al Oficio Divino, que “es la oración del Cuerpo místico de Cristo dirigida a Dios en nombre de todos los cristianos y en su beneficio” (Pío XII, Mediator Dei) y la Misa, recomiendo seguir el Decreto 1955, en materia de Fe y costumbres (ritos, disciplina, etc.) el Papa sólo y la Iglesia toda gozan de infalibilidad. Y además recomiendo aún a los simples fieles su rezo, no olvidamos que “cien oraciones privadas no igualan en valor a una sola hecha en el Oficio Divino.” (San Alfonso María de Ligorio) y termino:
    LOS FIELES Y EL OFICIO DIVINO:
    En la edad primitiva acudían más numerosos los fieles a estas horas litúrgicas; pero tal costumbre se perdió poco a poco, y, como acabamos de decir, al presente su rezo es obligatorio sólo para el clero y para los religiosos. Nada, pues, se prescribe en esta parte a los seglares por derecho estricto; pero es en gran manera de desear que asistan realmente, cantando o recitando los Salmos, al rezo de las Vísperas los días de fiesta en su propia parroquia.
    Encarecidamente os rogamos a vosotros y a vuestros fieles, venerables hermanos, que no permitáis que esta piadosa costumbre caiga en desuso, y procurad que, donde ya se hubiere dado al olvido, se instaure de nuevo dentro de lo posible.
    Lo cual se hará, sin duda alguna, con saludables frutos si las Vísperas se recitan no sólo digna y decorosamente, sino también de tal manera que fomenten suavemente de varios modos la piedad de los fieles.
    Pío XII. Mediator Dei (p.184-186).

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