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RATZINGER CULPA DE LOS ABUSOS SEXUALES A LA REVOLUCIÓN DE LOS 6O”


IPor Donald Sanborn

En una carta reciente comentando  el abuso sexual clerical, Ratzinger dijo que la causa de todo  esto fue la revolución sexual de los años sesenta.

Esta es una declaración impresionante. ¿Por qué? Porque es la misión y el propósito de la Iglesia resistir la corrupción moral, y especialmente proteger al clero de ella. El clero debe practicar la mortificación de sus pasiones sexuales, consagrados como están, y canónicamente obligados, al celibato y a la castidad perfecta. Con la misma facilidad se podría decir: “Todos los monjes están gordos debido a la revolución alimenticia”. ¿No se supone que deben practicar la mortificación? Sería el equivalente a decir que el Titanic se hundió porque había un iceberg delante de él. La realidad es que el Titanic se hundió porque la tripulación estaba temerariamente navegando a 22 nudos (que entonces era una velocidad excesiva para un transatlántico) frente al  “Iceberg Alley” en primavera cuando los icebergs se divisan con más frecuencia. La tripulación también había cometido una negligencia grave al ignorar las advertencias de otros barcos.

Es asombroso cómo el clero del Novus Ordo se exonera tan alegremente de la culpa en el asunto del abuso clerical. Lo que es aún más asombroso es lo que Ratzinger asigna como una causa concomitante: “Al mismo tiempo, independientemente de este desarrollo, la teología moral católica sufrió un colapso que dejó a la Iglesia indefensa ante estos cambios en la sociedad”.

¿La teología moral católica sufrió un colapso? ¿Ocurrió eso porque sí ? No, dice Ratzinger: “Hasta el Concilio Vaticano II, la teología moral católica se basaba en gran medida en la ley natural, mientras que las Sagradas Escrituras sólo se citaban como justificación. “En la lucha del Concilio por una nueva comprensión de la Revelación, el contemplar las ley natural fue abandonado en gran parte, y se exigió una teología moral basada completamente en la Biblia”.

La verdad es que la “nueva teología”, de la cual Ratzinger fue uno de los principales arquitectos y proponentes durante los años 50 y 60, exigió el abandono de la teología católica tradicional tal como se encuentra en los libros de texto de uso común en los seminarios. Detestaron la teología escolástica de Santo Tomás de Aquino y pidieron su sustitución por la teología bíblica y patrística (los Padres de la Iglesia).

Si bien esto suena hermoso y noble, fue simplemente una herramienta de los modernistas para suavizar y relativizar la teología católica. ¿Por qué? No es que haya algo blando o relativista en  la Sagrada Escritura o los Padres, sino que  estas fuentes no constituyen un sistema coherente de teología dogmática o moral. La gran contribución de Santo Tomás de Aquino y su escuela fue tomar las Sagradas Escrituras y los Padres, y hacer de ellos una síntesis y un sistema perfectamente claros. Abandonar este trabajo sería equivalente a abandonar la rueda y volver al tiempo en que la gente arrastraba las cosas.

¿Cuál fue el efecto de este abandono de la teología escolástica? Ratzinger continúa: “En consecuencia, ya no puede haber nada que constituya un bien absoluto, y sea fundamentalmente malo; (podría haber) solo juicios de valor relativos. “Ya no existía lo bueno (absoluto), sino solo lo relativamente mejor, dependiendo del momento y de las circunstancias”.

El lector puede recordar que me referí en boletines anteriores , como causa del abuso por parte de los sacerdotes, exactamente a lo que Ratzinger describe aquí: a la pérdida de cualquier sentido de los absolutos morales.

Ratzinger hace otras afirmaciones impresionantes:

Independientemente de esta cuestión, en muchos círculos de la teología moral se expuso la hipótesis de que la Iglesia no tiene ni debe tener su propia moralidad.

En varios seminarios se establecieron camarillas homosexuales, que actuaron de manera más o menos abierta y cambiaron significativamente el clima en los seminarios.

Un obispo, que anteriormente había sido rector de seminario, había dispuesto que se mostrara a los seminaristas películas pornográficas, supuestamente con la intención de hacerlos resistentes al comportamiento contrario a la fe (1)

Hubo, no solo en los Estados Unidos de América, obispos que rechazaron la tradición católica en su conjunto y buscaron crear una especie de “catolicidad” nueva y moderna en sus diócesis.

Habiendo realizado estas auto condenatorias admisiones, intenta excusar a las “autoridades” romanas alegando que el complejo derecho penal del Código de Derecho Canónico (Novus Ordo) de 1983 hizo imposible eliminar a estos sacerdotes que abusaron de los jóvenes. Esta es una excusa positivamente ridícula. Es una tremenda vergüenza y un insulto a cualquier persona decente y pensante. Sería lo mismo que decir: “Stalin fue incapaz de detener la masacre de millones de personas porque las leyes en los libros le hacían casi imposible procesar a los perpetradores”. Es posible que la excusa valga en una forma republicana de Gobierno, donde hay separación de poderes, pero no se puede decir esto seriamente en el caso de una monarquía o una dictadura. Juan Pablo II, el “santo”, podría haber puesto fin a cualquier barrera legal con un solo golpe de la pluma. Podría haber destituido  sacerdotes y depuesto obispos mediante un simple telegrama o una llamada telefónica.

Ratzinger también ofrece la excusa de que la burocracia del Vaticano se vio abrumada por los casos de abuso. Esto tampoco es una excusa, ya que los acusados ​​pudieron haber sido fácilmente removidos del servicio sacerdotal mientras se procesaba su caso. De esa manera, la práctica perversa de trasladarlos de parroquia a parroquia, donde abusaron una y otra vez, podría haberse evitado.

Ratzinger hace la pregunta retórica: “¿Por qué la pedofilia alcanzó tales proporciones?” La respuesta de Ratzinger: “En última instancia, la razón es la ausencia de Dios”. La verdadera razón: el impío, incrédulo, asquerosamente egoísta y pervertido clero del Novus Ordo que se benefició del respeto y la admiración que los jóvenes inocentes tenían por el clero católico para realizar actos cuyo sólo pensamiento provoca ganas de vomitar.

Ratzinger ofrece algunas otras razones del abuso clerical. Uno de los factores es la disminución de la devoción a la Presencia Real de Cristo en la Sagrada Eucaristía: “La participación decreciente en la celebración Eucarística dominical muestra cuán poco sabemos todavía los cristianos de hoy en día apreciar la grandeza del don que consiste en Su Presencia Real. “ Fue Ratzinger, sin embargo, quien nos dijo en una encíclica que Cristo está en el pan”, que es una noción completamente protestante de la Eucaristía, que niega la Presencia Real de Cristo. Ratzinger también declaró: “Ir la iglesia pensando que uno puede visitar a Dios que está presente, es un acto sin sentido que el hombre moderno rechaza legítimamente”.(2) Además ¿es que  la Nueva Misa ha promovido la devoción hacia la Presencia Real de Cristo en la Sagrada Eucaristía?

La guinda del burlesco sainete  de autoexoneración por los atroces crímenes del clero es el último párrafo: “Al final de mis reflexiones, quisiera agradecer al Papa Francisco por todo lo que hace para mostrarnos, una y otra vez, la Luz de Dios, que no ha desaparecido, incluso hoy. ¡Gracias, Santo Padre!

No debe olvidarse que el “Santo Padre”, esa boca herética motorizada, es la que ha pronunciado numerosas herejías y ha justificado recibir la comunión en el estado del pecado mortal de adulterio.

Vaticano II

La verdadera causa del abuso clerical. Ratzinger dijo algunas cosas que eran ciertas, pero no asignó la causa. Sí, hubo una revolución sexual en la década de 1960, pero ¿no fue el propósito declarado del Concilio Vaticano II adaptar la Iglesia al mundo moderno? ¿No quiso “abrir las ventanas de la Iglesia”, como dijo Juan XXIII? El efecto de esta actitud produjo en el clero y en la gente una absorción de la revolución sexual muy detestable algo de lo que ahora se lamenta Ratzinger. Si el Vaticano II no hubiera ocurrido, la Iglesia habría resistido la revolución sexual. Tuvo mucho éxito al hacerlo en la década de 1950 por medio de la Legión de la Decencia, por ejemplo, que logró controlar la inclinación de Hollywood por el sexo. La Legión de la Decencia murió después con el Concilio Vaticano II, y también la decencia en las películas y en la televisión.

Asimismo, el colapso de la teología moral de la Iglesia fue un resultado directo del Concilio Vaticano II. Hasta 1958, la teología moral estaba en condiciones maravillosas. Muchos teólogos morales escribieron tratados y libros de texto a principios del siglo XX que eran excelentes, aplicando los principios morales tradicionales a los problemas morales modernos. Un ejemplo de ello es el libro de texto del dominicano Merkelbach, que usamos aquí en el seminario. Es el libro de texto de teología moral más completo que conozco.

Ratzinger describe estos horrores como si ni él ni su jefe, “San” Juan Pablo II, fueran responsables de ellos, y de alguna manera fueran víctimas de ellos. La realidad es que Ratzinger es uno de los más responsables del Vaticano II como teólogo radical, modernista, de traje y corbata, junto con sus “amigos” Karl Rahner, el jesuíta  que tenía  una amante, y Hans Küng, el notorio negador de la divinidad de Cristo, la Asunción de Nuestra Señora, y la infalibilidad del Romano Pontífice. Constituían el trío radical. Recuerdo. Fue Küng quien dijo: “Conseguimos más del Vaticano II de lo que nunca habíamos esperado.”.

Ratzinger se niega a ver al Vaticano II como la causa de los problemas. El Concilio es criatura suya.  Es evidente para cualquiera con cerebro que la Iglesia dio un giro en todos los aspectos de su vida desde la apertura de esa reunión malvada del Vaticano II, pero Ratzinger insulta a todas las personas decentes que piensan con estas “razones” ridículas que hablan del abuso clerical, sin decir  ni una sola vez “mea culpa” por su cooperación criminal,  vergonzosa y reprensible en estos actos viciosos de un clero corrupto.


Notas al pie:

(1) Este era “Ken”, el obispo Novus Ordo de Saginaw, Michigan. (Siempre quiso ser conocido por su primer nombre).

(2) Del libro de Ratzinger, Die sakramentale Begründung christlicher Existenz.

De In veritate

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