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LA COMUNIÓN ESPIRITUAL


[Aunque el P. Ravasi, autor del vídeo que les presento sobre la “Comunión Espiritual“  pertenece a la secta del Novus Ordo, en la que no existe la verdadera Misa, que en estos tiempos que están bajo el Reinado del Anticristo no existe ya en la tierra, y que como consecuencia  no existen ya verdaderas comuniones sacramentales  – además de que los “fieles” del Novus Ordo no son conscientes de que en realidad asisten a un servicio luterano muy parecido a los servicios anglicanos (aunque mucho más protestantizado) y por lo tanto no reciben la comunión sacramentalmente, ni quizás espiritualmente dadas las escasas disposiciones  que ordinariamente se observan en ellos- sin embargo la doctrina que da el P. Ravasi sobre la comunión espiritual, hecha la anterior salvedad, ES LA VERDADERA, y es la que expone Santo Tomás de Aquino.
Muchos se sorprenderán cuando oigan que muchos sacerdotes y fieles al comulgar SÓLO RECIBEN EL SIGNO DEL SACRAMENTO PERO NO EL SACRAMENTO, debido a sus escasas disposiciones,  exigidas, digo yo, para conseguir  la “gratia ex opere operantis”.
También  sucede que muchos que “comulgan espiritualmente” no reciben espiritualmente el Sacramento, como pudieran hacerlo con las debidas disposiciones, sino sólo el signo del Sacramento (espiritualmente)
Para muchos será una novedad oír que a lo largo de la historia muchos santos, comulgaban en raras ocasiones, por ejemplo en 6 ocasiones al año como lo hacía San Luis. Alguno, es de suponer que nunca comulgó  en los cien años de su vida anacorética después de que a los 13 años huyendo de una persecucución, se refugió en el yermo. Fue el caso de San Pablo ermitaño. Sin embargo es cierta  su excelsa santidad como se manifiesta en su Vida escrita por San Antonio Abad. En todo caso, los cristianos durante casi toda la historia de la Iglesia , comulgaban en pocas ocasiones en el año. Y aun los religiosos sólo con permiso del padre espiritual podían comulgar semanalmente o diariamente.

Mención también hay que hacer de la cristiandad japónica que durante 300 años no tuvo  sacramentos (fuera del bautismo y matrimonio). Lo mismo se diga de la época  del clero constitucional en Francia, y en Inglaterra en gran parte de los años de la persecución que comenzó con Enrique octavo. Mención hay que hacer también de los católicos que engrosaron la marcha al lejano oeste, en los Estados Unidos, que permanecieron sin misa ni sacramentos, aunque desgraciadamente como sucede ahora cayeron en la tentación de asistir a servicios protestantes o no católicos. Y en tantos lugares en que los católicos por la fuerza de los hechos tuvieron que permanecer sin sacramentos durante largos años.

Especial mención hay que hacer sobre la Comunión espiritual como algo perteneciente a los sacramentos de deseo. Algunos sacramentos son necesarios para la salvación  “in re vel in eorum voto” como nos dice el Concilio de Trento,  en doctrina cuya negación está penada bajo anatema, en los

Cánones sobre los sacramentos en general (canon n.º 4): 

«Si alguno dijere que los sacramentos de la nueva ley no son necesarios, sino superfluos para salvarse; y aun cuando no todos sean necesarios a cada particular, asimismo dijere que los hombres sin ellos, osin el deseo de ellos (sine eorum  voto), alcanzan de Dios, por la sola fe, la gracia de la justificación; sea excomulgado».

Sobre el deseo de los sacramentos necesarios  para la salvación y sobre el deseo de permanecer en la Iglesia en el que está fuera de ella visiblemente,  deseo que según Santo Tomás es suficiente para la salvación, hay que enunciar la Regla de Oro  del Aquinate siguiente:

QUAE  [VOLUNTAS] APUD DEUM REPUTATUR PRO FACTO ( Sum.Teol 3 q.68 a 2 ad 3 . En la edición de la BAC 164. pág.258)

ESTA VOLUNTAD [de permanecer en la Iglesia] ES CONSIDERADA POR DIOS COMO SI FUERA UN HECHO.

Lo cual es paralelo a la doctrina de los sacramentos de deseo, como es la Comunión espiritual.

El deseo es cierto que no constituye un hecho. Pero a diferencia de las cosas humanas (como el vano deseo de ser millonario) en las cosas de Dios , el deseo DA ALGO MÁS como es la posibilidad de la salvación en los sacramentos necesarios para ella.

Con tan luminosa doctrina mantenida por la Iglesia en casi toda su historia, hay que decir que la Comunión Espiritual es algo más que un vano y mero deseo , sino que da precisamente la posibilidad no sólo de salvarse sino la de de alimentarse (manducare) de Cristo espiritualmente recibiendo espiritualmente no sólo el signo del  Sacramento sino también la cosa (res) del Sacramento.
Hay que aceptar que muchos recibirán más gracia en su comunión espiritual que la recibida por otros en una comunión sacramental. Todo dependerá de sus disposiciones. Es decir,  la “gratia ex opere operantis” podrá ser mayor, y aún mucho mayor en una comunión espiritual que en una sacramental.

Esta doctrina no es enseñada por la FSSPX, sino que arteramente enseñan que los sacramentos (que precisamente ellos imparten) son necesarios para la salvación ( lo cual sería verdad si añadiesen la palabra “ordinariamente” pues hay medios extraordinarios de salvación como nos dice el Concilio de Trento.  Y lo mismo se diga de los llamados sacerdotes sedevacantistas que como los anteriores en su afán de hacerse instrumentos únicos y necesarios de salvación, restringen culpablemente los medios para obtener la gracia de Dios. Esta culpa, a mi modo de ver es gravísima, y juzgo que posiblemente esté motivada por estimaciones crematísticas de verdaderos mercenarios o traficantes y por atribuirse una importancia que en realidad no tienen.

Lo que queda dicho de la Comunión espiritual, puede decirse mutatis  mutandis  del acto de contrición perfecta con propósito de acudir al Sacramento (cosa  imposible en nuestros días). Este acto, como el bautismo de deseo,  requiere estar informado por la Caridad perfecta. Este acto de caridad no es algo inalcanzable para el común de los cristianos sino que, al contrario, es algo fácil de conseguir con la ayuda de la gracia actual de Dios, la cual debe pedirse con insistencia. Este acto de contrición perfecta perdona todos los pecados, no sólo recientes  sino los de toda la vida. ¡Tan bueno es Dios!  que como a algunos pecadores del evangelio perdonó sus pecados “porque amaron mucho “ como se dijo de la mujer impura.
La Comunión espiritual y el acto de contrición perfecta  son los dos únicos medios que en nuestros días tenemos para poder ir al cielo.

Dios no se ata a los sacramentos, como reza el conocido adagio.]

 

 

 

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