¿ES FRANCISCO ‘PETRUS ROMANUS’?

RESPUESTA A OBJECIONES

 

No me dejan de sorprender las objeciones planteadas, en particular la que proviene de alguien que se ha caracterizado por manifestar de continuo la perentoria necesidad de elegir un papa, cuando he aquí que la misma persistente vacancia de la Sede romana da idea clara de cuál es la naturalezade la crisis en que hoy está envuelta la Iglesia romana, de modo que lo que cuestiona viene a ser una de las claves por las cuales la Iglesia tiene que sufrir en la paciencia tal carencia. No obstante,trataré de responder buscando tan sólo una indispensable claridad en este tema, sobre el que hay más confusión de lo que parece entre las filas de la ortodoxia católica sedevacantista.

Comienzo pues por lo que sería el final, una sola palabra profética, que bien mirado tendría que bastar para arrojar luz suficiente sobre el tema y zanjar la cuestión de manera inequívoca. Me refiero a la sentencia profética en labios de la Reina del Cielo, cuando anuncia en La Salette queRoma perderá la fe. Ciertamente, en estas palabras está significada no sólo la inusitada y extrema gravedad del mal que en aquel momento (1846) estaba a punto de invadir la Iglesia –y hoy vemos en su máximo despliegue-, sino también la circunstancia nueva, nunca acontecida en subimilenaria historia, de que  dicho mal procede desde dentro de ella misma. En efecto, no dice la Virgen, p.ej., que Roma será dominada por el Anticristo, y que por ello será su sede. No. Dice que Roma será la Sede del Anticristo, porque antes Roma habrá perdido la feEntender esto es básico para no irnos tras algunas ideas que no tienen que ver ni con la ‘res Ecclesia’ ni con la realidad de lo que está aconteciendo. Pues algunos al parecer comparan a la Iglesia con una plaza o ciudad  que ha sido asaltada y dominada por un ejército extranjero, el cual impone su yugo como quiere a los habitantes de aquélla. No son así las cosas en la Iglesia en este kairós de su temporalidad, en este Getsemaní de su vida histórica y mística. Si así fuera estaría todo mucho más claro. Pero la realidad es mucho más oscura  y terrible: al presente la Iglesia, en cuanto a su cuerpo visible, sufre la esclavitud y el dominio, mas no de parte de alguno de los reinos de este mundo, sino por parte deaquellos que debiendo amarla, sin embargo la persiguen (Santa Hildegarda). He ahí lo insólito. Desde ya que los que se han apartado de la fe apostólica, no pertenecen al Cuerpo Místico, pues no están en comunión con su Cabeza, Cristo, pero se les ha permitido tener poder sobre el cuerpo visible de la Iglesia,  como justo castigo por los pecados e infidelidades de todos sus miembros, pero particularmente de los que forman parte de su jerarquía.

En este sentido, la profecía del profeta Daniel, que habla del (abominación desoladora en el Lugar Santo)[Dn.,9,27] no podía tener cumplimiento en la Iglesia según el modo en que se cumplió, como figura, en tiempos del Antiguo Testamento, primero cuando el rey Antíoco Epífanes IV profanó  el Templo de Jerusalén, instalando un ídolo en él (año 168 a.C.); o bien cuando los romanos destruyeron el Templo en el año 70 de nuestra era. Estos dos acontecimientos sólo prefiguraron, en calidad de typo, el cumplimiento definitivo del anuncio profético que hoy vemos realizado con el abandono del dogma de la Fe por Roma (3ª parte del Mensaje de Ntra. Sra. enFátima), sustituido por el culto del hombre, y bajo la ominosa presencia en Roma del espíritu del Anticristo, que habla desde hace más de medio siglo por boca de sus ‘pastores’.

Me permito aquí, por venir a cuento, transcribir algunas líneas  de mi escrito <<La mistificación de la santidad, camino hacia la impostura final>>, aparecido como entrada en ese mismo blog allá por julio 2013: “… la realidad de un individuo que, no siendo el propio Anticristo, encarne personalmente su espíritu, y que en nombre de la Iglesia haga entrega a aquél de la desgarradatúnica inconsútil, no excluye, sino más bien supone y exige, la katábasis (descenso abisal) de estos últimos cinco lustros, proceso de destrucción, demolición, disolución (el ‘solve’ de que habla San Juan), e imposturas continuadas en la Iglesia, de la mano de sus propios (falsos) pastores, verdaderos lobos rapaces disfrazados de cordero. Dicho de otro modo, desde que en la Sede romana está instalada la iniquidad, ha dejado de ser la Cátedra de la verdad para pasar a ser sede y foro de toda confusión y engaño, sentina de todas las abominaciones imaginables; desde que para esa misma Roma la apostasía ha dejado de ser lo que siempre fue: el abandono  de la fe católica, la fe trinitaria y teándrica, acompañado de la separación del cuerpo visible de la Iglesia: para constituirse  en reclamo y reivindicación de una nueva regla de fe, opuesta y negadora de la primera; y esto en nombre de la verdadera Iglesia y sin salirse del cuerpo visible de la misma (al menos a los ojos no sólo del mundo sino de la inmensa mayoría de los creyentes), constituyendo así la apostasía en el seno mismo de la Iglesia; y desde que <<la excelencia de la Iglesia ha sido dispersada y la Fe pura pisoteada… por aquellos que debiéndola amar, sin embargo la perseguirán sin descanso>> (Santa Hildegarda), podemos entender aquella horrífica imagen de la cabeza renegrida –representando al Anticristo- saliendo de la pelvis de la mujer – que representa a la Iglesia, en la visión que la abadesa de Bingen recibe de la Luz Viviente.”

Aunque ya está resaltado en la cita precedente, quiero destacar de nuevo las palabras de Santa Hildegarda: <<la excelencia de la Iglesia ha sido dispersada y la Fe pura pisoteada… por aquellosque debiéndola amar, sin embargo la perseguirán sin descanso>> (Scivias), pues junto al anuncio de la Virgen aducido arriba, constituye la más clara referencia al hecho que pretendo poner en evidencia, a saber, que el mal instalado en la Iglesia procede de sus mismas entrañas, hecho posible desde que la debilidad humana forma parte también de la contextura de su physis (natura).Reiterando lo dicho poco antes, también nuestras propias infidelidades y pecados, y en especial los del clero, cuando rebasan toda medida dan lugar a este verdadero ‘mystérion tees ‘anomías(misterio de iniquidad) en el corazón de la Iglesia. Al respecto, no está demás recordar aquí un párrafo de la Encíclica Mystici Corporis Christi, de Pío XII: “Y si en la Iglesia se descubre algo que arguye la debilidad de nuestra condición humana, no hay que atribuirlo a su constitución  jurídica, sino más bien a la deplorable inclinación de los individuos al mal, que su divino Fundador permite aun en los más altos miembros del Cuerpo místico, para que se pruebe la virtud de las ovejas y de los Pastores y para que en todos aumenten los méritos de la fe cristiana”.[énfasis agregado por mí]

para cerrar el círculo sobre la visión de Santa Hildegarda, concerniente al punto que estoy considerando, transcribo un párrafo del comentario del Dr. Disandro que sirve de introducción a su edición bilingüe del cap. XI de la tercera parte de Scivias, por parecerme sumamente ilustrativo:

“Finalmente, la visión del joven, o sea Cristo, y de la mujer, o sea la Iglesia, cuya configuración nítida entra también en el  deterioro, que es, según dijimos, un martirio, el martirio culminante: por aquí entrevemos el misterio del numerus aureus, cuando haya de cumplirse la plenitud de lossantos, según doctrina de San Juan. Esto explica asimismo el origen del Anticristo, cuya cabeza se yergue brotada como de un parto monstruoso de la pelvis de esta misma mujer. Este misterio del Anticristo, nacido del seno mismo de la Iglesia, concebido de algún modo por sus entrañashistóricas, corresponde al misterio del mal, que resulta una contradicción en el ser de la ktisis.

Como corroboración de lo dichoy de paso proporcionar un indicio acerca de sobre qué cosas, aspectos y niveles de la res Mystérica que es la Ekklesía,  tiene poder el mal, y en qué ella esintemerata atque inviolabiliscito unos párrafos del opúsculo El Antíkhristos, del Dr Disandro: “ El Antí-khristos, no puede destruir la esencia de la Iglesia, la Ecclesia del credo de Nicea, es verdad; pero sí puede reclutar en la apostasía a la jerarquía entera, con papas, cardenales y colegios episcopales; reclutar tanto a los poderes mundanos, a los judíos y sectarios, en fin, puede posesionarse  de las cátedras de la Fe (episcopi)…  y destruir la piedad, la vigencia del Mysterium Eucarístico, en fin la cultura del Mysterio Agapístico. En otras palabras, puede adulterar, falsificar, sustituir la semántica de la Fe, y negar in totum esa semántica, y darla por abolida; pero no <fuera> de la Iglesia, sino <dentro> y <desde dentro> de la Iglesia. Puede y lo hace; prueba de ello son sus actos y sus palabras, que aunque mitrados atesoran y fomentan la apostasía. Prueba también la inconmensurable ruina de la Iglesia romana, cuya voz no es maestra de la Fe, sino por el contrario tiniebla de la apostasía”.

En otro párrafo, aludiendo a la judaización de la Iglesia romana, dice: “Por esto, la rabinización de la Ecclesia romana y en ella la adulteración del credo atanasiano, se manifiesta por la extinción de la lumbre semántica de  Antikhristos [no del Antikhristos] extinción que conlleva la extinción de Khristos, como quieren los fariseos y saduceos, antiguos y modernos. Y en esta doble sentencia he resumido ya la oscuridad de la iglesia hodierna –la de su supuesta autoridad y primado, que por mi parte niego resueltamente- y la oscuridad en que vive la Fe. Pero ya lo advirtió el Mensaje de La Salette: “… Roma perderá la Fe, y se transformará en la sede del Anticristo (…). La Iglesia será eclipsada (…).La Fe sola vivirá”.

Y para cerrar, en la conclusión del mencionado opúsculo, que data de 1989, se lee: “Nosotros podemos pues clarificar estos tiempos oscurísimos del siglo XX (in fine) con la lumbre de San Juan, y definir en el precario discurso humano lo mismo que estampó el genio pictórico de El Greco, en sus retratos de San Juan joven, a saber: del cáliz que sostiene el Apóstol con la mano derecha, surge un dragón en miniatura, o bien literalmente se baña un dragón, que encuadra por su tamaño pequeño entre los bordes del cáliz, pero sobresale nítidamente de él; mientras la mano izquierda del apóstol lo señala, con gesto tranquilo, firme, pero extrañado, y mientras los ojos profundos y melancólicos miran directamente el rostro del espectador posible del cuadro. He ahí pues la profecía y enseñanza del Apóstol, transformada en magistral y terrible imagen pictórica de un genio religioso greco-hispánico.

<<En lugar de>> la Sangre de Cristo, el dragón campea en su ámbito preferido. ¿Quiénes pueden ser los que le dan acceso al vaso sagrado, sino LOS QUE TIENEN PODER SOBRE EL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO? Porque tienen ese poder, pese a la apostasía, por eso el dragón ocupa el Cáliz de Cristo”.

                                                                       

                                                                                                                     Fernando Roqué

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