LA IGLESIA Y SU HORA

LA IGLESIA Y SU ‘HORA’

 Por Fernando Roqué

“Sacramentum (mystérion) hoc magnum est, ego autem dico in Christo et in Ecclesia”(Ef.,5,32)

  Muchas cuestiones agitan hoy en día el espíritu de los fieles católicos, cuando observan azorados la extensión y profundidad de la crisis que sacude a la Iglesia, y procuran no obstante seguir siendo plenamente católicos. En no pocos de entre ellos, su perplejidad se transforma en una grave crisis de fe, pues creen ver una contradicción entre las promesasde Ntro. Redentor: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta la consumación de los siglos (Mt., 28,20)y “…las puertas del Infierno no prevalecerán contra Ella” [la Iglesia] (Mt., 16,18), por una parte, y por otra parte la increíble aunque ostensible demolición delentero edificio visible de la Iglesia romana y de toda la venerable Tradiciónllevada a cabo por sus propios supremos pastores, desde Roncalli (Juan XXII) hasta el presente, hecho posible sólo por la herejía, el cisma, el escándalo y finalmente la apostasía manifiesta de aquéllos, así como del conjunto de la jerarquía, tanto de jurisdicción como de orden.

  Sin embargo, aunque la misma fuerza poderosa de la realidad que tenemos enfrente, pareciera habría de bastar para indicarnos  con claridad meridiana dónde está la verdad, ydónde el error, sucede todo lo contrario, y es el caso que para muchas almas de buena voluntad una y otro aparecen a menudo entremezclados, al punto que se inquieren, aun hoy, acerca de cuáles son los signos que al presente nos permiten reconocer la fe verdadera y laverdadera Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo.

  Así pues, en las líneas que siguen intentaremos una respuesta, urgidos como estamos a buscar la luz en medio de la tiniebla que en todo impera y todo lo confunde. Por lo demás,desde que no presumimos poder lograr tan alto y difícil propósito por nuestro esfuerzo, sirva de excusa a nuestra osadía, la intención de hacernos apenas un eco de la Tradición, que habla por boca de santos Padres, Doctores y teólogos, testigos que son de la única y eterna Verdad, al servicio de la cual están dedicadas estas páginas.

  Pero antes de avanzar en nuestro propósito, creemos oportuno hacer un breve repaso de las distintas respuestas o posiciones asumidas por los católicos en general, ante esta realidad nueva instalada en la Roma vaticana desde hace cinco decenios largos, constituida por una iglesia sociomórficamodernista, monofisita y conciliar.Decimos sociomórfica, porque lo es por su propia condición y naturaleza, en abierta contraposición a la Ecclesia catholica theomorfica; decimos modernista, porque es la más acabada realización de los  planes trazados por la secta del mismo nombre para introducirse en la Iglesia verdadera y así destruirla desde dentro, tal como lo advirtió con inspirada certeza San Pío X hace más de un siglo; decimos monofisita, o de la sola naturaleza humana, en clara contraposición con la Iglesia que es teándrica, esto es, divino-humana como el propio Señor; y en fin decimos conciliar, porque se instala en Roma, y desde ella en todo el mundo, a partir del herético Concilio Vaticano II, esto es, al margen de toda radicación en la cadena de la apostolicidad.

  De paso, este mismo pantallazo descriptivo irá poniendo de relieve lo que constituye la finalidad ya enunciada de estas líneas: mostrar dónde se encuentra en la hora presente la verdadera Iglesia fundada por Nuestro Señor, no obstante su total eclipsamiento.

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